martes, 11 de mayo de 2021

Cancer Efecto de 2 proteinas en la multiplicacion de celulas tumorales en cultivo

  


Los autores del estudio: Vanesa Gottifredi (centro), Nicolás Calzetta y Marina González Besteiro

Describen el efecto de la interaccion de dos proteinas en la multiplicacion de celulas tumorales en cultivo 

El trabajo de los investigadores del Instituto Leloir y del CONICET se centró en las proteínas Chk1 y PARP y trabajaron con células de cáncer de hueso. 

El estudio brinda pistas que pueden contribuir al diseño futuro de novedosas estrategias terapéuticas.

Estudios de ciencia básica centradas en cáncer de pulmón, ovario y mama habían descrito que la eliminación simultánea de dos enzimas, conocidas como Chk1 y PARP, aumenta la muerte de las células cancerígenas. 

Sin embargo, aún no se sabe bien por qué esa combinación es letal y si en todos los tumores produciría ese efecto.

Ahora, un trabajo liderado por investigadores de la Fundación Instituto Leloir (FIL) y del CONICET arroja novedosos conocimientos a nivel molecular sobre la interacción de esas dos proteínas durante la duplicación del material genético de células de cáncer de hueso (osteosarcoma) en cultivo.

“Los inhibidores de Chk1 y PARP están en estudio para el tratamiento de diferentes tumores. 

Conocer en detalle cómo se relacionan las actividades de esas proteínas durante la multiplicación de los tumores puede ser útil para el desarrollo de nuevos fármacos utilizables en el diseño de terapias de precisión para el cáncer”, indicó 👩‍🔬Vanesa Gottifredi, líder del estudio, jefa del 🔬Laboratorio de Ciclo Celular y Estabilidad Genómica en la Fundación Instituto Leloir (FIL) e investigadora del CONICET.

Estudios previos liderados por👩‍🔬 Gottifredi y equipo demostraron a nivel molecular cómo la proteína Chk1 garantiza el copiado del ADN tumoral para la posterior multiplicación de células malignas en cultivo.

“Ante la eliminación de Chk1, el ADN se duplica de manera 💥‘explosiva’ generando errores y daño en el material genético que pueden terminar matando a la célula tumoral”, explicó 👩‍🔬Marina González Besteiro, investigadora del CONICET en el grupo de👩‍🔬 Gottifredi y ganadora de una mención especial del Premio Nacional L’Oréal-Unesco “Por la Mujer en la Ciencia” 2019 en la categoría Beca.

En el nuevo estudio, publicado en “Journal of Molecular Biology”, los investigadores comprobaron que en células de cáncer de hueso con bajos niveles de Chk1, la enzima PARP tiene dos efectos que aparentan ser contradictorios: daña el material genético de células de cáncer de hueso (lo que podría comprometer su multiplicación), pero también corrige el entorpecimiento del copiado de ADN cuando se dividen las células tumorales.

PARP puede exacerbar o atenuar los efectos negativos que causa la eliminación de Chk1 sobre las células tumorales”, sintetizó 👨‍🔬Nicolás Calzetta, primer autor del estudio y becario doctoral del  CONICET quien realiza su tesis doctoral bajo la dirección de👩‍🔬 Gottifredi y 👩‍🔬González Besteiro.

Los hallazgos apuntan a la importancia de una posible indicación selectiva de este enfoque. 

“En células de osteosarcoma, eliminar a PARP podría mejorar su sobrevida. 

Pero en otros tipos celulares, eliminarlo podría interferir con la duplicación del ADN y causar más muerte celular. 

Estudios futuros tendrán que confirmarlo”, indicó 👩‍🔬González Besteiro.

Los equipos que trabajan en cáncer de pulmón, ovario y mama, y que han propuesto la inhibición combinada de Chk1 y PARP como terapia antitumoral, “podrían estar interesados en dilucidar si nuestros resultados explican la eficacia de los tratamientos combinados”, destacó👩‍🔬 Gottifredi, ganadora del Premio Nacional L’Oréal-Unesco “Por la Mujer en la Ciencia” 2019.

El🔬 laboratorio de👩‍🔬 Gottifredi participa de un consorcio de varios 🔬laboratorios, que cuenta con financiación público-privada de la empresa farmacéutica GlaxoSmithKline (GSK) y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, que logró identificar fármacos con buen potencial para eliminar selectivamente células de mama y ovario asociados con mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2.

Agencia CyTA-Leloir

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miércoles, 28 de abril de 2021

Brucelosis Visualizan como la luz azul "enciende" la virulencia de las bacterias

 


 Bacterias de la brucelosis en una imagen de microscopia electrónica de barrido. Créditos: Magalí Bialer

Visualizan como la luz azul "enciende" la virulencia de las bacterias de la brucelosis

Científicos del CONICET en el Instituto Leloir lideraron un estudio que describe a nivel atómico el impacto de la señal lumínica sobre la actividad del microorganismo que causa la brucelosis, lo que podría inspirar estrategias de control para un patógeno que afecta a la población rural y produce grandes pérdidas económicas.

Se sabía que Brucella, la bacteria patógena que produce abortos en 🐄ganado y enferma a trabajadores rurales, era sensible a la luz. 

Ahora, un trabajo liderado por investigadores argentinos, en colaboración con colegas de 🗽Estados Unidos, logró describir 💥a nivel atómico cómo esa señal del ambiente, en particular, la luz azul del espectro lumínico, aumenta la virulencia de ese patógeno.

La brucelosis produce abortos en ganado y afecta a trabajadores rurales.

El hallazgo de ciencia básica podría iluminar estrategias novedosas para controlar la brucelosis, una enfermedad que provoca pérdidas millonarias en el sector pecuario y afecta a medio millón de personas por año en el🌐 mundo, sobre todo a poblaciones de riesgo como productores rurales, trabajadores de la carne y veterinarios.

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Agencia CyTA-Leloir

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lunes, 29 de marzo de 2021

Medula espinal Recuperacion locomotora tras una lesion completa en modelos animales

 

El neurocientífico Ramiró Quintá, doctor en Bioquímica e investigador del CONICET en el Laboratorio de Medicina Experimental “Dr. Jorge E. Toblli” en el Hospital Alemán, en la ciudad de Buenos Aires.

En modelos animales logran la recuperacion locomotora tras una lesion completa de medula espinal 

El trabajo lo lideró un científico del CONICET. La inyección de una proteína reconectó los axones en la zona dañada y los ratones recobraron la capacidad de movimiento de manera significativa.

Tras la administración de una proteína, ratones con una lesión completa de la médula espinal recuperaron el movimiento, lo que podría tener implicancias terapéuticas en el futuro para pacientes humanos.

“Nuestro estudio aumenta la esperanza, pero queda un largo camino por recorrer para trasladar este conocimiento de ciencia básica a la medicina”, indicó el neurocientífico 👨‍🔬Ramiro Quintá, doctor en Bioquímica e investigador del CONICET en el 🔬Laboratorio de Medicina Experimental “Dr. Jorge E. Toblli” en el 🏥Hospital Alemán, en la ciudad de Buenos Aires.

👨‍🔬 Quintá trabajó a nivel experimental con un modelo muy estudiado de lesión completa de médula espinal desarrollado en 🐁ratas.

Netrina-1 es una proteína que se genera y participa activamente durante el desarrollo embrionario. 

Su función es la de promover el crecimiento, navegación tridimensional y conexión de los axones (cables) del sistema nervioso desde el 🧠 cerebro a neuronal llamada “tracto corticoespinal”, cuyos cuerpos neuronales se localizan en la corteza motora y que “controla los movimientos de las extremidades y el tronco, tanto en la habilidad como en la precisión para llevarlos a cabo”, explicó 👨‍🔬 Quintá a la Agencia CyTA.

En verde se observan a los axones regenerados por efecto de la inyección de la proteína netrina-1 en los modelos animales de investigación, en rojo aparecen los astrocitos (células de soporte trófico y metabólico) y en azul los núcleos celulares.

El establecimiento del correcto cableado deja al individuo en condiciones de generar cualquier tipo de movimiento voluntario. 

Sin embargo, los seres humanos con mutaciones en el gen de Netrina-1 desarrollan una patología que se caracteriza por movimientos anormales en espejo. 

En base a este conocimiento,👨‍🔬 Quintá pensó que si Netrina-1 estimulaba a los axones para crecer, desarrollarse y conectarse, principalmente aquellos que gobiernan el movimiento voluntario durante el desarrollo, tal vez la administración de esa proteína en grandes cantidades en el sitio de la lesión espinal podría tener un efecto terapéutico.

La inyección de Netrina-1 en la zona de la lesión espinal (lesión total) hizo que los axones cortados no solo volvieran a crecer, sino que se reconectaron con las neuronas dianas por encima y por debajo del sitio de lesión. 

Los resultados fueron publicados en “Journal of Neurotrauma”, publicación de la Sociedad Americana de Neurotrauma y de la Sociedad Internacional de Neurotrauma.

👨‍🔬 Quintá observó que las 🐁ratas con lesiones completas de medula espinal recuperaron significativamente su motricidad voluntaria (movimientos completos de su tren trasero y patas) mientras que las 🐁ratas lesionadas y tratadas con placebo permanecieron con parálisis completa del tren motor trasero.

Asimismo, se visualizó el crecimiento y la reconexión de los axones mediante modernas técnicas de 🔬 microscopía.

“Esta investigación básica solo es el inicio de un muy largo proceso que intentará generar un tratamiento desde el 🔬laboratorio de investigación hacia la 🛌cama del paciente. 

Y, para eso, se necesita contar con un real apoyo de los distintos estamentos gubernamentales, no solo del ámbito científicos, sino también clínicos, así como de instituciones públicas y privadas”, concluyó 👨‍🔬 Quintá.

Agencia CyTA-Leloir

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miércoles, 10 de febrero de 2021

GPS del 🧠 La aceleracion genera mas operaciones por segundo

 

Emilio Kropff, investigador del CONICET en el Instituto Leloir.

 Comprueban que la aceleracion genera mas operaciones por segundo en el GPS del cerebro 

El primer autor del estudio es 👨‍🔬Emilio Kropff, investigador del CONICET en el Instituto Leloir, bajo la dirección de científicos noruegos que ganaron el Nobel de Medicina en 2014. 

El avance echa por tierra una antigua creencia arraigada en el campo de las neurociencias y mejora la comprensión de circuitos del 🧠cerebro que se encuentran alterados en patologías como la enfermedad de Alzheimer.

Bajo la dirección de los neurocientíficos noruegos 👨‍🔬Edvard y 👩‍🔬May Britt Moser, premios 🥇 Nobel de Medicina 2014, un científico argentino realizó un estudio en 🐭roedores que pone bajo cuestión una creencia de décadas sobre el funcionamiento del GPS del 🧠cerebro, un circuito de neuronas que permite orientarnos en el espacio.

“Si bien es un trabajo de investigación básica, podríamos pensar en futuras aplicaciones una vez que podamos entender cómo se traducen estos hallazgos al 🧠cerebro humano”, sostiene el físico y neurocientífico 👨‍🔬Esteban Kropff, jefe del 🔬Laboratorio de Fisiología y Algoritmos del Cerebro de la Fundación Instituto Leloir (FIL).

El 🧠cerebro tiene diferentes ⏳relojes, formados por neuronas, que corren a diferentes velocidades. 

Mientras los más lentos marcan el ritmo del 🌅día y la 🌃noche (😴sueño y 👀vigilia), los más 💨veloces dictan las pulsaciones de la actividad cognitiva cotidiana.

El principal marcapasos del GPS del 🧠cerebro de los 🐭mamíferos son ciertas ondas llamadas “oscilaciones theta” del campo ⚡eléctrico, “que sirven para sincronizar el encendido y apagado de millones de neuronas a un ritmo de varias veces por segundo”, explicó👨‍🔬 Kropff, investigador del CONICET y primer autor del estudio publicado en la revista “Neuron”.

Las oscilaciones theta también coordinan otras regiones del 🧠cerebro en operaciones cognitivas que no necesariamente tienen que ver con la orientación en el espacio. 

Es un ⏳reloj que, en 🐭ratas activas, da ocho vueltas por segundo y en 🙋‍♂️🙋‍♀️humanos es un poco más lento.

Desde hace cinco décadas numerosos 📚estudios han postulado que las oscilaciones theta se vuelven más rápidas cuando los 🐭animales corren más rápido, esto es, que su frecuencia aumenta con la velocidad. 

Esta observación es la fuente de diversas hipótesis que tienen como tronco común la idea de que la frecuencia de las oscilaciones es un código que le dice al 🧠cerebro a qué velocidad se mueve el 🐭animal, permitiéndole calcular sus propios desplazamientos.

“Sin embargo, ninguno de estos estudios trató de aislar la velocidad de otras variables relacionadas al movimiento, como la aceleración. 

Nuestro trabajo, recién publicado, reúne evidencia que pone en duda esa creencia arraigada hace décadas en el campo de las neurociencias”, indica Kropff,

En el flamante estudio, los 👨‍🔬👨‍🔬investigadores volvieron a analizar datos obtenidos por👨‍🔬 Kropff durante su posdoctorado en el 🔬laboratorio de los Moser, en la 🏛Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, en Trondheim, antes de su regreso a Argentina y la puesta en marcha de su 🔬laboratorio en la FIL.

Los 👨‍🔬👨‍🔬científicos observaron que, si se separa la velocidad de la aceleración, las oscilaciones theta responden solamente a la segunda de esas variables. 

“Lo que es todavía más intrigante es que la frecuencia de las oscilaciones theta aumenta con la aceleración positiva, pero se mantiene estable cuando es negativa, es decir, cuando el 🐭animal frena”, destaca👨‍🔬 Kropff.

Y continúa: “Los resultados de nuestro trabajo echan por tierra la idea de que la frecuencia de estas oscilaciones constituye un código de velocidad utilizado para calcular los propios desplazamientos”.

La información se recolectó de experimentos con 🐭ratas, en quienes se relacionó las oscilaciones del campo ⚡eléctrico 🧠cerebral con la actividad motriz (velocidad y aceleración) una vez colocadas en un carrito sin piso, como el “troncomóvil” de Los Picapiedras.

“La frecuencia, igual que la aceleración del 🐭animal, puede aumentar y volver a disminuir en una fracción de segundo. 

Entender que este reloj se controla con tanta precisión temporal nos obliga a pensarlo de una manera novedosa. 

¿Qué mecanismo genera el aumento del ritmo del reloj? 

¿Para qué sirve? 

¿Qué pasa en ausencia de este mecanismo? 

¿Cómo funciona este reloj en pacientes de enfermedades neurodegenerativas, como Alzhéimer, que ataca antes que ninguna otra área del 🧠cerebro a los circuitos del GPS y su marcapasos?”, se pregunta👨‍🔬 Kropff.

Del trabajo también participó el neurocientífico canadiense 👨‍🔬James Carmichael, quien realizó su tesis de maestría bajo la dirección de👨‍🔬 Kropff en el 🔬laboratorio de los Moser.

Agencia CyTA-Instituto Leloir

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viernes, 23 de octubre de 2020

Isro Gloger “Mi sueño dorado es que haya un nuevo medicamento que salga de la Argentina”

 

El biólogo molecular argentino Isro Gloger, director del programa “Trust in Science” 

del laboratorio británico GSK.

Así lo afirma el biólogo molecular argentino Isro Gloger, reconocido días atrás como Oficial de la Orden del Imperio Británico por su trabajo en apoyo a las relaciones científicas entre Argentina y el Reino Unido. 

Desde 2010 lidera el programa “Trust in Science” del laboratorio británico GSK, que promueve en la región asociaciones público-privadas con la ciencia básica como motor para el desarrollo de nuevas terapias en oncología, inmunología y otras áreas.

Mi sueño dorado es que haya un nuevo remedio que salga de la Argentina, que parta de una idea, de un descubrimiento en este país”, asegura el biólogo molecular argentino Isro Gloger, reconocido días atrás como Oficial de la Orden del Imperio Británico por su trabajo en apoyo a las relaciones científicas entre Argentina y el Reino Unido.

Tras comenzar sus estudios en la UBA y doctorarse en la Universidad Hebrea de Jerusalén, completó su formación en Reino Unido y desde 1989 trabaja en la británica GSK (GlaxoSmithKline), una de las compañías farmacéuticas más grandes del mundo, con 99.000 empleados en 95 países. 

En 2010, Gloger comenzó a liderar desde cero el programa “Trust in Science” de GSK con el propósito de generar asociaciones público-privadas en América Latina para seleccionar proyectos de ciencia básica de punta con capacidad para generar conocimientos para el desarrollo de fármacos efectivos para múltiples enfermedades. 

“Empezó como un proyecto piloto de 1 o 2 años, y bueno, creció y continúa”, se enorgullece Gloger en diálogo desde Londres con la Agencia CyTA-Leloir.

Desde 2011, el programa “Trust in Science” establece de manera continua acuerdos con el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de Argentina para elegir y apoyar con fondos de coparticipación estudios de ciencia básica en oncología, inflamación e inmunología en el que han participado más de 220 investigadores. 

También propició que jóvenes investigadores realicen postdoctorados en el prestigioso Instituto Francis Crick, en Londres. 

Y en colaboración con la Embajada Británica en Argentina y  el Ministerio de Ciencia trajo al país premios Nobel de ciencia británicos para estrechar vínculos con investigadores locales. 

“La ciencia puede acercar países que están distanciados en otras áreas por razones políticas e históricas”, asegura.

¿En qué áreas se centran los proyectos de ciencia básica seleccionados para formar parte del programa?

Empezamos en áreas terapéuticas diversas, todas de interés para Argentina, por supuesto. 

Al principio eran áreas como las infecciosas (Chagas), respiratorias, cardiovasculares, metabólicas, vacunas y oncología. 

En los primeros seis años, apoyamos cerca de 25 proyectos de investigación básica, cada uno de tres años de duración, dentro del marco de llamados a la presentación de proyectos de Investigación Científica y Tecnológica (PICTO) para la adjudicación de subsidios constituidos con fondos de GSK y del Ministerio de Ciencia. 

El último llamado, publicado hace dos semanas, en forma conjunta con la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (AGENCIA I+D+i), se concentra en proyectos de investigación orientados a la identificación y validación de nuevos blancos moleculares con potencial terapéutico en cáncer.

¿Qué rasgos del programa son más innovadores?

Por un lado, no es solo un modelo financiero que se limita a dar dinero a un grupo de investigación, sino que también apunta a establecer una relación estrecha de trabajo entre nuestros científicos, los de GSK, y sus pares argentinos. 

De hecho, cada cinco semanas se realizan reuniones virtuales entre ambos.  

Por otra parte, concebimos y respetamos que la propiedad intelectual pertenece a los científicos que realizan los descubrimientos de la investigación.

¿Nos puede mencionar algunos de los logros más relevantes del programa?

Son varios. 

Un ejemplo lindo es el proyecto de una plataforma de vacunas orales de la doctora Juliana Cassataro en la UNSAM, y que extendió un acuerdo con GSK para continuar ese proyecto. 

Otro con el doctor Norberto Zwirner, del Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME), que avanza en un blanco terapéutico muy interesante para inmunooncologia. 

Y otro en el que está involucrada la doctora Vanesa Gottifredi, de la Fundación Instituto Leloir, en colaboración con la Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad Católica de Córdoba, que utilizando extractos de plantas del noreste argentino, apunta a la identificación de potenciales blancos para el tratamiento de tumores. 

Todos produjeron trabajos publicados en revistas científicas de alto impacto.

¿Por qué a una empresa como GSK le interesa invertir en investigación básica? ¿Hay un compromiso de confidencialidad que limita la difusión de los hallazgos?

Si un científico identifica algo muy interesante (como podría ser una proteína que interviene en determinada enfermedad), GSK puede aportar su colección de compuestos químicos para el desarrollo de un medicamento, pero eso es otra etapa, que podríamos llamar competitiva. 

Por principio, creemos que la ciencia básica “precompetitiva” debe ser de dominio público para que la ciencia avance. 

Todos los proyectos que apoyamos se publican. 

Y si hay interés de una propiedad intelectual generada, apoyamos a los investigadores para la obtención de la patente y que conserven el rédito de su trabajo si descubren algo importante.

¿Por qué cree que el gobierno británico decidió distinguir su labor?

Hay un concepto que se llama la diplomacia de la ciencia, que enfatiza que las diferencias entre países no tienen que influir en la ciencia. 

Y que, por el contrario, la ciencia puede acercar países que están distanciados en otras áreas por razones políticas e históricas. Es un concepto muy interesante. 

En este sentido, el programa Trust in Science de GSK ha sido un motor de acercamiento entre Argentina e Inglaterra.

¿La experiencia del programa podría inspirar a otras empresas a seguir un modelo de asociación público-privada que incorpore a la ciencia como elemento clave para la innovación?

Tengo entendido que hay empresas argentinas que también están colaborando con el Ministerio de Ciencia. 

Si una empresa está informada y ve el valor que tiene el conocimiento básico, se animaría a participar en modelos similares a los propuestos por nosotros.  

Yo jugué un papel importante en promocionar el valor de recursos humanos científicos que hay en Argentina. 

Para hacer algo así, hay que tener el compromiso de gente motivada a trabajar en proyectos de articulación. 

No se trata solo de fondos, el elemento humano es muy importante: tener ganas de hacer algo útil que le sirva a la sociedad. 

Ese es un secreto a menudo subestimado para que las cosas salgan adelante.

¿Qué lo motivó a impulsar el programa del GSK para Argentina y otros países de la región?

Empecé mi carrera en la universidad argentina y continué mi formación en el exterior, pero siempre mantuve dos cosas: una apreciación de la calidad de la ciencia argentina y un deseo de hacer algo para devolver lo que me dio la educación de mi país. 

Recuerdo una frase que me movió mucho, del doctor Moncef Slaoui, Presidente de Investigación y Desarrollo de GSK en 2008: 

“Quiero que vayamos a dónde esté la buena ciencia”. 

Eso me impulsó en 2010. 

Y acá estamos, 10 años después, manteniendo un proyecto de manera estable.

¿Cuál sería su máxima aspiración con relación al programa?

Suena un poco cliché, pero lo voy a decir: para mí, un sueño dorado es que haya un nuevo remedio que salga de la Argentina, que parta de una idea, de un descubrimiento surgido de este programa. 

Y soy optimista de que eso ocurra.

Agencia CyTA-Leloir

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jueves, 5 de septiembre de 2019

Capacidad antitumoral demuestran de compuestos aislados de algas marinas


Investigadores del Centro de Investigaciones sobre Porfirinas y Porfirias, dependiente 
del Hospital de Clínicas José de San Martin-UBA y del CONICET

Las moléculas utilizadas por científicos de la UBA y del CONICET lograron eliminar in vitro células de cánceres de ovario, piel, mama, pulmón, vejiga y otros.

Aún resta efectuar más estudios para comprobar su seguridad y eficacia en humanos.

Azúcares aislados de algas rojas presentes en todos los mares del mundo presentan una capacidad para eliminar células tumorales.

Así lo demuestra un estudio in vitro realizado por investigadores argentinos que buscan contribuir con el desarrollo futuro de tratamientos basados en productos naturales.

“Si bien los resultados son alentadores, nosotros realizamos investigación básica y nos espera un largo camino hasta llegar a los ensayos clínicos.

Pero, como todo en la ciencia, un pequeño paso hoy puede ser una gran noticia en el futuro, esa es nuestra mayor esperanza”, señaló a la Agencia CyTA-Leloir la responsable del trabajo, la doctora Gabriela Di Venosa, investigadora del Centro de Investigaciones sobre Porfirinas y Porfirias (CIPYP), dependiente del Hospital de Clínicas José de San Martin-UBA y del CONICET.

Los investigadores del CIPYP trabajaron con carragenanos, que son azúcares o polisacáridos extraídos de algas rojas aisladas de las costas de Argentina y Brasil, y que actualmente tienen diferentes usos en la industria farmacéutica, textil, gráfica y, fundamentalmente, como gelificantes o espesantes en alimentos.

Tal como revela la revista “Scientific Reports”, los investigadores subdividieron los carragenanos mediante un proceso llamado hidrolización.

De esta manera obtuvieron moléculas aún más pequeñas (disacáridos), las purificaron y estudiaron su capacidad antitumoral.

“En los resultados in vitro, logramos alcanzar una muerte total de las células tumorales en líneas tumorales humanas y de ratón, incluyendo de cáncer de ovario y vejiga, melanoma, adenocarcinoma mamario y carcinoma pulmonar”, indicó Di Venosa.

Por otro lado, y de manera adicional, los resultados del estudio mostraron que la capacidad metastásica in vitro de las células tratadas con este compuesto a concentraciones menores que la letal estaba disminuida.

La investigadora destacó que el objetivo del estudio es poder desarrollar a futuro nuevos compuestos que puedan revertir la enfermedad en pacientes, “pero es preciso realizar antes estudios in vivo y luego ensayos clínicos para probar seguridad y eficacia para ver si los resultados establecen las condiciones para realizar ensayos clínicos”, indicó Di Venosa.

Del estudio también participaron Gustavo Calvo, Adriana Casas, Mariela  Céspedes, Leandro Mamone y Daniel Saenz, del CIPYP; y Vanina Cosenza, Diego Navarro y Carlos Stortz, del Centro de Investigaciones en Hidratos de Carbono (CIHIDECAR), que depende del CONICET y la UBA y funciona en el Departamento de Química Orgánica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

Agencia CyTA-Fundación Leloir


jueves, 14 de junio de 2018

“La distincion entre ciencia basica y aplicada es falaz”


El Dr. Armando Parodi, uno de los investigadores más importantes del país, fue incorporado en el año 2000 a la prestigiosa Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

Así lo afirma el doctor Armando Parodi, discípulo del premio Nobel de Química de 1970, el doctor Luis Federico Leloir.

“Lo que existe es ciencia y aplicación de la ciencia”, señala el miembro de la prestigiosa Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

Sin pretenderlo, una infinidad de trabajos de ciencia básica han sentado bases para el desarrollo de tratamientos que hoy en día curan diversas enfermedades.

Un ejemplo paradigmático son los estudios del argentino César Milstein, Nobel de Medicina 1984, que condujeron al descubrimiento de los principios que rigen la producción de los anticuerpos monoclonales y que hoy son la base del segmento más dinámico de la industria farmacéutica, con medicamentos para el cáncer, la psoriasis y decenas de otras condiciones.

En la sociedad circula una concepción que intenta instalar una diferenciación entre ciencia básica (orientada a conocer los mecanismos que rigen los principios fundamentales de la realidad) y una “ciencia aplicada” o “útil” que apunta “a resolver de manera directa determinadas problemáticas”.

“Esta distinción es falaz.

Lo que existe es ciencia y aplicación de la ciencia”, señala el doctor Armando Parodi, quien fue discípulo del premio Nobel argentino de Química de 1970, doctor Luis Federico Leloir, y se incorporó en el 2000 a la prestigiosa Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos por abrir un campo nuevo de investigación en el estudio de las glicoproteínas (unión de proteínas con azúcares).

En la siguiente entrevista con la Agencia CyTA-Leloir, Parodi quien fue investigador superior del CONICET en la Fundación Instituto Leloir y asesor de la Organización Mundial de la Salud (OMS), sienta posición sobre este debate y describe el impacto en la salud de sus propios trabajos de ciencia básica y de los realizados por su director de tesis de doctorado, el doctor Leloir.

La American Society for Glycobiology lo describió como uno de los científicos más destacados de su campo de los últimos 50 años cuando en 2011 lo distinguió con el premio “Karl Meyer”.


El Dr. Armando Parodi (der.) realizó su tesis de doctorado bajo la dirección del doctor Luis Federico Leloir (izq.), premio Nobel de Química de 1970. En la foto también figura el doctor José Mordoh, actual jefe del Laboratorio de Cancerología del Instituto Leloir

CyTA: ¿Cuál es su argumento contra esa distinción entre ciencia básica y ciencia “útil”?

Parodi: Prácticamente todos los grandes avances en biotecnología y en tecnología propiamente dicha derivan de estudios básicos seguidos no con un fin práctico determinado sino simplemente con la finalidad de aumentar el conocimiento que posee la humanidad sobre la naturaleza.

Este aumento es la estrategia que, a la larga, ha brindado los mayores avances en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades humanas.

Hay una infinidad de investigaciones brillantes que buscando explicar el funcionamiento de las células, llevaron inesperadamente al desarrollo de diagnósticos y tratamientos eficaces para muchas patologías.

Los propios hallazgos de su maestro, el doctor Leloir, centrados en los nucleótidos de azúcar y su papel en la biosíntesis de carbohidratos permitieron explicar muchas enfermedades.

Así es, entre ellas, una enfermedad congénita, la galactosemia o incapacidad de utilizar galactosa (azúcar presente en la leche materna, lácteos y otros alimentos) como fuente de energía.

La acumulación de este azúcar o de alguno de sus derivados conduce a opacidad del cristalino ocular y a deficiencia mental.

La forma más benigna de esta patología puede ser tratada eliminando la galactosa de la alimentación desde la infancia.


Proteína sin azúcar (izq.) y con azúcar (glicoproteínas). Ciertas enfermedades congénitas se producen a causa de mutaciones en diversas glicoproteínas claves para la vida del ser humano. Parodi logró explicar por qué la maquinaria celular no es capaz de llevar a dichas moléculas a adoptar una estructura tridimensional correcta y/o no puede la célula detectar que está mal plegada y así destruirla.

-En el caso de las enfermedades de Alzheimer y de Parkinson, la acumulación de proteínas que adoptan una forma tridimensional incorrecta constituye una de sus causas subyacentes. Usted logró explicar cómo funciona el “control de calidad” del plegamiento de las glicoproteínas, que constituyen aproximadamente un tercio de las proteínas totales de una célula de mamífero. ¿Cómo funciona este sistema?

Mis trabajos demostraron que si una glicoproteína no está bien plegada, una enzima (proteína que acelera reacciones) detecta esta anomalía y le agrega una glucosa.

Este azúcar funciona como si fuera un “código de barras”, es decir, una señal que le indica a la célula que debe ayudar a esa glicoproteína a adoptar la estructura tridimensional correcta, y que, si finalmente no lo logra, debe destruirla.

Si la glicoproteína con la glucosa termina adoptando una forma adecuada, la glucosa que la ha “marcado” es liberada y entonces la célula permite que cumpla su función específica.

Pero si no logra llegar a la estructura tridimensional correcta, la célula destruye a esa glicoproteína.

¿En qué modelos descubrió este mecanismo?

En mi primer trabajo, publicado en 1983 en la revista “The Journal of Biological Chemistry”, lo hallamos estudiando la síntesis de glicoproteínas en Trypanosoma cruzi, el parásito que causa la enfermedad de Chagas.

En estudios posteriores, comprobamos que ese sistema de control de calidad de plegamiento de glicoproteínas también ocurría en otros sistemas como en células de mamíferos, de plantas y en hongos.

Más adelante, identificamos a la enzima que es la encargada de agregar la glucosa a las glicoproteínas para “avisar” a las células que hay problemas en su plegamiento.

¿Esos hallazgos podrían tener implicancias en otras patologías?

Sí. Ciertas enfermedades congénitas debidas a mutaciones en diversas glicoproteínas claves para la vida del ser humano pueden ser explicadas porque la maquinaria celular estudiada en mi laboratorio no es capaz de llevar a esas glicoproteínas a adoptar una estructura tridimensional correcta y/o no puede la célula detectar una glicoproteína mal plegada que debe ser destruida.

Es muy temprano aún para decir si mis estudios han llevado ya al desarrollo de nuevos tratamientos, pero constituyen un aporte en esa dirección.

En mi caso personal, el estudio de cómo se forman las glicoproteínas en el parásito de la enfermedad de Chagas llevó a explicar un sinnúmero de patologías humanas.

Algo realmente inesperado y que muestra tanto la utilidad como la belleza de la investigación básica.

Agencia CyTA-Instituto Leloir
agenciacyta.org.ar



miércoles, 8 de marzo de 2017

El presidente Macri recibió a autoridades del laboratorio británico GSK



El presidente Mauricio Macri recibió a autoridades de la farmacéutica británica GSK, que firmó un convenio de cooperación con el Gobierno a través del cual aportará alrededor de siete millones de pesos anuales para apoyar investigaciones de los científicos del Conicet.

El Jefe del Estado, junto al ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, se reunió esta mañana en la residencia de Olivos con el gerente general de la compañía, Rodolfo Civale.

GSK suscribió ayer un convenio tripartito de cooperación con el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y con el centro de investigación británico de alta calidad Francis Crick Institute.

El acuerdo está orientado a fomentar la innovación científica y tecnológica en áreas de interés común mediante proyectos vinculados a especialidades terapéuticas de alta relevancia, como inmunología, oncología e inflamación y permitirá que científicos argentinos del Conicet puedan viajar al Reino Unido para desarrollar sus investigaciones en el Crick Institute durante tres años.

casarosada


El Instituto Nacional del Cáncer otorgará becas para investigación



El Instituto Nacional del Cáncer, dependiente del Ministerio de Salud, abrió la inscripción para el otorgamiento de 65 becas de investigación básica, clínica, epidemiológica, social y en implementación en la enfermedad que están dirigidas a estudiantes avanzados, graduados y posgraduados.

La recepción estará abierta hasta el 21 de abril de 2017 y tiene como objetivo contribuir a la formación y especialización de investigadores de calidad en oncología.

La convocatoria nacional comprende un total de 28 becas a estudiantes que tengan el 70 por ciento de las materias aprobadas o haber completado la cursada de asignaturas obligatorias y estar desarrollando la tesis de licenciatura; 25 a graduados y doce a estudiantes de posgrado o posgraduado.

Las becas se otorgarán a través de la presentación de un plan de trabajo anual en el ámbito de la investigación básica, clínica, epidemiológica, social y de implementación en cáncer a nivel nacional.

El Instituto aclara que las investigaciones deberán enmarcarse en un proyecto de investigación existente, o bien en las acciones desarrolladas por un departamento o área que certifique su actividad científica.

La extensión del beneficio tendrá una duración de doce meses, entre agosto de 2017 y agosto de 2018.

Para estudiantes avanzados serán de 10.400 pesos mensuales; para los graduados de 15.600 pesos mensuales y para los estudiantes de posgrado o posgraduado de 18.850 pesos mensuales durante el período establecido.

Los interesados deberán inscribirse hasta el 21 de abril próximo a través de la página web de Instituto (www.salud.gob.ar/inc) en la que encontrarán las bases y los formularios correspondientes.

Deberán presentar la documentación requerida en una copia papel en la sede del Instituto, ubicada en Presidente Julio Argentino Roca 781, 10º piso, CABA, (C1067ABC), personalmente o vía correo postal, en donde consten las firmas originales de la documentación presentada.

Los interesados pueden consultar a investigacion@inc.msal.gov.ar

casarosada


domingo, 5 de marzo de 2017

¿Ciencia "inútil"? Por qué la investigación básica, humana y social es estratégica


Foto: Decur

A partir de malentendidos y prejuicios sobre el modo en que se produce conocimiento, una falsa dicotomía sobre la "aplicabilidad" de algunas disciplinas se mezcla con el conflicto alrededor del Conicet

fines del siglo XIX, mientras paseaba por París en su bicicleta impulsado tanto por el motor de su genialidad indómita como por una petaca de absenta ya casi vacía, el poeta francés Alfred Jarry inventó una ciencia paródica, una filosofía esotérica, un movimiento cultural disparatado.

Un todo-en-uno: la 'Patafísica (así, con apóstrofo por puro capricho de su creador), una pseudodisciplina de lo particular para estudiar las leyes que gobiernan las excepciones.

En su obra Las gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico (1911), publicada cuatro años después de morir de tuberculosis, este precursor de dadaístas y surrealistas delineó en una clara reacción bufonesca contra la doctrina del progreso en la época un método para explorar la inutilidad y así entender lo que una sociedad determina como valioso.

Como experimento provocador e invitación a la exploración de lo insólito y extraordinario, esta "ciencia de las soluciones imaginarias" contagió a personalidades inquietas como Joan Miró, Marcel Duchamp, Eugéne Ionesco.

Y también caló hondo en la Argentina, que hoy cuenta con el Longevo Instituto de Altos Estudios Patafísicos de Ubuenos Aire, el instituto más antiguo en el mundo en estas cuestiones después del Collége de Pataphysique francés.

"Nada hay más patafísico que la actualidad", dijo hace unos años el escritor, curador y activista patafísico Rafael Cippolini. Su sentencia sigue vigente.

Porque quizás sin proponérselo, las consignas y consideraciones de la 'Patafísica sobre aquello que ha de considerarse útil o su reverso -inúti-- se desparramaron incluso entre ministros ansiosos por el rendimiento monetario y políticos veloces a la hora de sacar las tijeras cuando se trata de asignar fondos a las investigaciones científicas del país, así como también entre periodistas cazadores de clics y un sospechoso ejército de trolls que en una coordinada estrategia de desprestigio arrojaron todo su odio e ignorancia contra el Conicet, la columna vertebral de la ciencia argentina, atribuyéndose la autoridad moral de evaluar la pertinencia o no de investigaciones en ciencias sociales y humanidades y de proyectos locales de ciencia fundamental o básica.

En cuestión de meses, desde el inicio del conflicto por los recortes y reformas en el Conicet, se les han sumado a las ya artificiales y violentas dicotomías que históricamente han sido utilizadas para descalificar -ciencia occidental/ciencia periférica, física aria/física judía, ciencias duras/ciencias blandas- un nuevo y estéril juego de opuestos: ciencia útil/ciencia inútil.

En entrevistas, en discursos, se extiende como telón de fondo una idea que no es solo local: que existen investigaciones sin una finalidad práctica -en general vinculadas a las humanidades, la historia, la filosofía, lo que se ve como especulativo, antiguo o banal- y, por contraposición, otras que resultarían en productos concretos y "estratégicos" y que merecen ser sostenidas por el Estado y promovidas en las universidades.

"Todo contexto de ajuste produce tensiones porque hay una lucha para apropiarse de recursos escasos -indica el sociólogo Pablo Kreimer, director de Centro de Ciencia, Tecnología y Sociedad de la Universidad Maimónides e investigador principal del Conicet-.

El asunto es que la utilidad de los conocimientos no es nunca algo en sí mismo. Lo que parece útil hoy puede no serlo en el futuro.

Y viceversa: conocimientos aparentemente muy abstractos pueden adquirir en el futuro una utilidad que hoy no imaginamos.

Hace años propuse un concepto para esto: CANA (Conocimientos Aplicables No Aplicados), algo muy frecuente en América Latina, y en otros países que podríamos llamar semiperiféricos. Producen muchos conocimientos idealmente útiles, pero que no generan aplicaciones porque, por así decirlo, están 'fuera de contexto'.

Volver a una 'guerra de las ciencias' o a una confrontación de las 'dos culturas' me parece absurdo. Todas las disciplinas deberían ser necesarias, aunque todos los temas no deberían tener la misma importancia".

La utilidad de lo supuestamente inútil

En noviembre de 1939, Abraham Flexner, pionero en la educación médica en Estados Unidos y secretario del Instituto para Estudios Avanzados en Princeton, publicó un ensayo que muchos consideran el manifiesto de la ciencia básica, The Usefulness of Useless Knowledge (La utilidad del conocimiento inútil).

"A lo largo de la historia, los grandes descubrimientos e innovaciones han sido hechos por hombres y mujeres guiados no por el deseo de ser útiles sino por el simple deseo de satisfacer su curiosidad", escribió en la revista Harper's.

Con una prosa fluida, Flexner exponía la base estructural de la investigación: la ciencia básica más que un gasto es una inversión, una actividad que necesita estabilidad, continuidad y orden, marcada por un alto grado de incertidumbre en sus resultados, pero que sin ella cualquier aplicación al largo plazo se desvanece.

Lo dice el biólogo Matías Pandolfi, Investigador Independiente de Conicet y Director del Laboratorio de Neuroendocrinología y Comportamiento, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (UBA):

"No hay aplicaciones de la ciencia que no tengan detrás un conjunto sistemático de conocimientos básicos.

Para que existan esas aplicaciones que ayudan a resolver los problemas de la sociedad, tiene que existir previamente mucha ciencia básica de excelente calidad.

Es por eso que los gobiernos deben invertir en ciencia básica.

Los que hacemos ciencia básica depositamos un montón de conocimientos en una especie de nube.

Luego, los que piensan en aplicar el conocimiento científico preexistente toman de esa nube lo que les parece necesario y lo transforman en una determinada aplicación.

La importancia de la ciencia básica de quienes estudiamos comportamiento y reproducción en peces es muy clara.

Nadie sabría cómo inducir y mejorar la reproducción de los peces (comestibles y ornamentales) sin los de estudios endocrinológicos que se realizaron principalmente entre 1990-2010 en especies emblemáticas como pacú, truchas y pejerreyes".

La interacción entre investigación básica y aplicada nunca es lineal ni unidireccional.

Es, en cambio, un vínculo dinámico, cíclico, que deriva en nuevos hallazgos e innovaciones.

Las tecnologías disruptivas -las que cambian la economía- surgen siempre de este feedback.

En su informe "Ciencia, la frontera sin fin", de julio de 1945, el asesor científico de la Casa Blanca el ingeniero Vannevar Bush le aconsejaba al presidente Harry Truman incentivar la ciencia básica como insumo principal de una cadena virtuosa y sostenida del proceso de innovación.

La historia de las ciencias y la tecnologías demuestra que muchos de los mayores descubrimientos para la humanidad derivaron de investigaciones que parecían no conducir a nada inmediato.

Al explorar por curiosidad la relación entre electricidad y magnetismo en el siglo XIX, el inglés Michael Faraday abrió las puertas a nuestro electrizante mundo moderno.

A inicios del siglo XX, las inquietudes del alemán Wilhelm Röntgen lo condujeron al descubrimiento de los rayos X y a la dupla de Watson y a Crick a desnudar la estructura del ADN en 1953.

En 1927, la predicción del positrón realizada por el físico teórico inglés Paul Dirac fue considerada una curiosidad inútil de la naturaleza con poca o ninguna importancia práctica.

Hoy la medicina nuclear utiliza la tomografía por emisión de positrones o PET como herramienta de diagnóstico de cáncer o para identificar el origen de la epilepsia en el cerebro.

Sin la teoría general de la relatividad de Albert Einstein, no habría sistema de navegación GPS. Aproximadamente el 20% del PBI mundial se basa en aplicaciones de la teoría cuántica, es decir, física teórica, ciencia básica.

La investigación fundamental llevó también al desarrollo del láser, a la primera confirmación de la existencia de los quarks, a la primera síntesis de la penicilina.

"La física de altas energías es uno de los claros casos de aplicaciones revolucionarias inesperadas -remarca el físico Daniel de Florian, uno de los coordinadores del Gran Colisionador de Hadrones en el que se descubrió el bosón de Higgs y director del Centro Internacional de Estudios Avanzados (Unsam/Conicet)-.

Si bien su objetivo es el de la comprensión de la estructura más elementales de la materia, nos ha regalado invenciones, entre otras, como la de la web en el CERN.

Científicos argentinos han realizado contribuciones relevantes en el área de la física de altas energías pero también han formado licenciados y doctores en física que se desempeñan tanto en el mundo académico realizando investigación básica y aplicada como en petroleras, financieras, instituciones educativas.

Uno de los desafíos de Argentina debe ser el de impregnar de las herramientas de la ciencia a la sociedad, aumentando considerablemente el número de científicos trabajando en los mas diversos ámbitos".

Hace 23 años, el inmunólogo Tasuku Honjo descubrió en Japón sin proponérselo una de las moléculas que provocan la muerte celular programada de las células inmunitarias. La bautizó PD-1 (Programmed cell death-1,

Muerte celular programada-1). Este hallazgo casual permitió generar una de las inmunoterapias más efectivas para el tratamiento de tumores como el cáncer de pulmón, de piel, linfoma Hodgkin y urogenital.

Recientemente cuando ganó el Premio Keio, agradeció en su discurso a Japón por invertir en la ciencia básica, lo cual dio lugar a este descubrimiento que hoy salva tantas vidas.

"Este y muchos ejemplos muestran que no hay ciencia 'útil' o 'no útil'. Hay ciencia buena o mala y eso no tiene que ver con su utilidad ni con la temática ni con el área (social, química, biológica, médica o tecnológica) -dice el bioquímico Gabriel Rabinovich, investigador superior del Conicet y Director del Laboratorio de Inmunopatología del Instituto de Biología y Medicina Experimental-.

Tiene que ver con el nivel de profundidad con la cual se aborda un proyecto, con el vuelo de las preguntas que se generan en cada disciplina y con el compromiso de cada investigador para invertir su tiempo en resolver preguntas arriesgadas".

Mentes y manos

La investigación básica no siempre tuvo como enemigos jurados a políticos y tomadores de decisiones.

Hubo un tiempo en que en la  Argentina los tuvo como máximo aliados.

En la década de 1870, Sarmiento impulsó el más ambicioso plan de desarrollo científico que existió en el país.

Promovió como nunca la llegada al país de investigadores extranjeros como el naturalista alemán Karl Hermann Burmeister, el astrónomo estadounidense Benjamin Gould, el zoólogo neerlandés Hendrik Weyenbergh, el botánico Georg Hieronymus e inauguró observatorios astronómicos e institutos de todo tipo.

En épocas aún violentas, el por entonces presidente argentino entró en sincronía tanto con las universidades estadounidenses como el por entonces joven MIT que buscaba combinar la adquisición de conocimiento con su aplicabilidad. Su lema sigue siendo Mens et Manus, Mente y Mano.

Aquella primavera para el pensamiento, sin embargo, no duró mucho. Con la crisis de 1890, la cultura argentina empezó a desvalorizar la investigación.

Fue, según el historiador José Babini, el primer gran retroceso de la ciencia nacional.

De ahí en más se privilegiaron las aplicaciones y la ciencia básica fue considerada una pérdida de tiempo.

"La Argentina no necesita sabios sino hombres de acción", pontificó en 1896 el ingeniero Alcides Romagosa.

El único elemento estable en la historia de la ciencia argentina es la ruptura: vaivenes y perturbaciones institucionales marcados por la intolerancia, el analfabetismo científico de las autoridades de turno y una siempre baja inversión en investigación y desarrollo en todas sus áreas.

Frente a los cuestionamientos, desde el Ministerio de Ciencia y Tecnología se argumenta que los reciente cambios en ingresos a carrera, por ejemplo, tienen que ver con lograr "un crecimiento armónico, previsible y sustentable" del sistema científico, según dijo el ministro, Lino Barañao, en PM.

Se trata, afirmó, de la continuación de un plan estratégico iniciado en el gobierno anterior, en el que "la idea era lograr un tipo de investigador distinto, más involucrado en los problemas de generación de trabajo, en la innovación, en generar valor a partir del conocimiento.

Sin ese fin último, la inversión en ciencia y tecnología no tiene sentido".

"Los nazis o el régimen de Videla quemaron libros en gran medida de análisis social, de antropología, sociología, historia, psicoanálisis, filosofía y literatura porque todas esas obras eran y son herramientas fundamentales para ayudarnos a entender el funcionamiento de la sociedad, su cultura, su historia y por lo tanto son indispensables para ubicarse frente al presente -señala el historiador Jorge Gelman, investigador superior del Conicet y director del Instituto Ravignani-.

La política actual en el terreno científico, que atenta contra la continuidad de las ciencias básicas en general y las sociales y humanas en particular, no se propuso destruir libros pero pareciera que sí dificultar que se piensen y escriban.

El ser humano es mucho más que ADN, células o sinapsis y así como las ciencias naturales contribuyen al conocimiento humano de los fenómenos naturales y a su posible manejo, las ciencias sociales y humanidades contribuyen al conocimiento de la conducta humana y a su posible modificación.

La historia expresa la necesidad que tenemos los seres humanos de saber de dónde venimos y cómo hemos llegado a ser quiénes somos.

No se trata sólo de una cuestión de curiosidad, de por sí válida, sino que entender esos recorridos deben ser útiles para ayudarnos a torcer el rumbo de la historia presente que muchas veces nos agobia: cómo se llegó a los actuales niveles de pobreza y desigualdad o cómo se forjaron las dictaduras".

El desaliento de la razón

A diciembre de 2016, el Conicet contaba con 10.036 investigadores (5338 mujeres, 4698 hombres).

Los investigadores en ciencias sociales -sociología, filosofía, lingüística, psicología-- representan el 25% de este ente autárquico fundado en 1958, la segunda institución científica más importante en América Latinasegún el SCImago Journal Rank.

Si bien en el fondo todas las ciencias son sociales, sus trabajos constituyen avances para el conocimiento, enriquecen programas de estudio y sustentan políticas públicas: ya sea en problemas como la inseguridad, el desempleo y la pobreza, la violencia de género e infantil, la desigualdad y la calidad educativa o para entender consumos culturales y las causas del fracaso de nuestro país en el siglo XX.

Sin filósofos no habría comités de ética en hospitales o estudios de diversidad sexual. Sin sociólogos no habría censos.

Sin geógrafos no tendríamos mapas ni entenderíamos cómo mejorar los problemas de las economías regionales.

Los análisis sobre biopoder y violencia de la politóloga Pilar Calveiro fueron cruciales en los fallos de los crímenes de lesa humanidad. Jorge Luis Borges fue un especialista en literatura escandinava medieval y dictó clases en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

Hoy es el principal embajador cultural argentino.

Antropólogos como José Lanata investigan desde la variabilidad genética de poblaciones en el pasado y en el presente hasta las relaciones legales entre Estado y los pueblos originarios, la cambiante relación humanos-naturaleza a la dinámicas en que se transmite la información en distintas grupos.

"Ya desde hace tiempo el discurso científico en general ha comenzado a poner en duda la dicotomía entre las ciencias humanas y sociales, llamadas comúnmente blandas, y las ciencias que se consideraban duras por una ingenua certeza de que la realidad existe y puede ser captada tal cual es, sin mediaciones -dice el director del Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos de Cambio, Conicet-UNRN-.

Pensar que los científicos no son actores sociales sujetos a condicionamientos propios de lo social o que una investigación de las 'ciencias duras' no tiene impacto en las prácticas culturales de una población son ya dos certezas muy irreales".

La ciencia no es indiferente a los espacios sociales donde se genera. Como recuerda Freeman Dyson en su maravilloso libro El científico rebelde, no hay una única visión científica. La ciencia es un mosaico de visiones parciales y en conflicto.

El elemento común es que la actividad científica es inherentemente subversiva: se rebela contra la autoridad y los dogmas, la irracionalidad y el pensamiento mágico.

Hablar de "los científicos" siempre es simplista porque este grupo particular, autónomo, autorregulado y con predominio de la racionalidad dista de ser homogéneo y cruzado por distintas tradiciones, colegios invisibles, campos, preocupaciones y prácticas, como ya lo apreció Max Weber en La ciencia como profesión, Pierre Bourdieu en El oficio del científico o el irlandés John Bernal en La función social de la ciencia.

Marcada por el conflicto, la relación conyugal entre ciencia y política no ha sido siempre la misma.

Como indica la socióloga brasileña Léa Velho, cada época cuenta con sus propias creencias y concepciones acerca de su rol en la sociedad.

De la ciencia como motor del progreso, por ejemplo, se pasó en los ochentas a la idea de la ciencia como fuente de oportunidades estratégicas.

"Además de soslayar la cuestión de quién define la 'utilidad' o no de una investigación científica, esta diferenciación no atiende al principal objetivo de la ciencia en todos sus campos: la creación de conocimiento, central a la historia de la humanidad entera -advierte la historiadora Hilda Sabato-.

No hay, en ese marco, conocimientos aislados sino complejas articulaciones entre lo construido por diferentes generaciones en muy distintas ramas de la ciencia, desde la física y la medicina a la sociología y la historia.

Promover esta actividad esencial implica crear las condiciones para el desarrollo científico en toda su amplitud con la única condición de la calidad.

Sin ciencia de calidad no hay ciencia 'relevante'.

Por lo tanto, esa es una base indispensable a partir de la cual el estado puede (debe) desarrollar políticas de aprovechamiento de los recursos y conocimientos científicos en pos de alcanzar una sociedad mejor"

En este marco utilitarista, tecnofílico cortoplacista, de desprecio al pensamiento crítico y de políticas no basadas en evidencias, las investigaciones de César Milstein que realizó en en Gran Bretaña luego del golpe del 62 serían considerada ciencia inútil.

La obtención de anticuerpos monoclonales -por los cuales recibió el Nobel en 1984 y que no patentó- actualmente constituyen un negocio millonario: se los utiliza tanto para tests de embarazo como para diagnóstico y tratamiento de cáncer, artritis, asma y leucemia.

La inteligencia se convirtió en un valor despreciable.

En lugar incrementar la inversión al 1,5 % del PBI como se prometió en la campaña electoral, mejorar la articulación entre investigación y sociedad, promover el financiamiento privado o ampliar el sistema científico argentino, se incentiva una división ficticia de aguas cuyos efectos nocivos se verán recién en diez o veinte años.

En esta situación, retumban más fuerte que nunca las palabras de Bernardo Houssay, Nobel de Medicina en 1947, quien sentenciaba:

"Es muy común en los países atrasados una desmedida preocupación por las aplicaciones inmediatas, y por ello se suele alardear de criterio práctico y pedir que se realicen exclusivamente investigaciones de aplicación inmediata y útiles para la sociedad (.).

La ciencia pura es sin duda la fuente que alimenta incesantemente las técnicas aplicadas; si aquélla se detiene, éstas languidecen o desmejoran pronto.

Aconsejar a un país o universidad que no haga investigaciones fundamentales no aplicadas inmediatamente es como invitarlo a empobrecerse o suicidarse, como resultado de la grave y trágica ignorancia de sus dirigentes".

Federico Kukso
PARA LA NACION


martes, 21 de febrero de 2017

Fusexinas: el pegamento de las células


Pablo Aguilar. 
Foto: CONICET Fotografía.

Investigadores del CONICET demostraron que esta superfamilia de proteínas interviene en los procesos de fusión de membranas que ocurren durante la fecundación y la infección viral, entre otros.

Por Pablo Aguilar*

¿Cómo se fusionan dos gametos?

La respuesta que encontramos a esta antigua pregunta de la biología celular fue sorprendente: las proteínas que promueven la fusión de gametos son las mismas que usan los virus para entrar a las células hospedadoras.

Los gametos son las células sexuales que intervienen en la reproducción. En el humano, por ejemplo, son el espermatozoide y el óvulo.

Para cualquier organismo que se reproduce sexualmente, la unión entre gametos es el primer paso necesario para la generación de un nuevo individuo.

Este proceso es complejo e involucra distintos pasos, desde la maduración de cada gameto, el reconocimiento mutuo y la adhesión entre ellos hasta su fusión.

La fusión de gametos se conoce desde hace más de 150 años y se ha estudiado en profundidad en organismos tan diferentes como plantas, parásitos, hongos, mamíferos e insectos.

Sin embargo, la identidad de la o las proteínas que ejecutan la fusión entre las membranas plasmáticas de dos células sexuales se ha mantenido oculta hasta estos días.

Para responder a la pregunta:

¿Cual es la maquinaria que permite la fusión de dos células sexuales?, trabajamos en colaboración con el grupo del Dr. Benjamin Podbilewicz, del instituto Technion, de Haifa, Israel y con investigadores uruguayos y norteamericanos.

En primer lugar demostramos que la proteína sospechada de estar implicada en la fusión de gametos es, en verdad, suficiente para promover la fusión entre dos células.

Esta prueba de concepto, nos permitió cambiar el rótulo a esta proteína, llamada HAP2 (GCS1), de “sospechosa” a “culpable” de la fusión de gametos. HAP2 se encuentra presente en plantas, protistas e invertebrados por lo cual se la considera una proteína ancestral, presente desde los inicios de los primeros organismos eucariotas.


Junto a investigadores de Uruguay, Israel y Estados Unidos, Aguilar y su equipo trabajó en la identificación de las proteínas que intervienen en la fusión de membranas. 
Foto: CONICET Fotografía.

En este trabajo, publicado en The Journal of Cell Biology, encontramos también que HAP2 es similar a proteínas virales de envoltura (como por ejemplo las proteínas E del virus Zika o del virus del Dengue).

Estas proteínas virales son las que permiten al virus fusionarse con la membrana de la célula que va a invadir y entrar en ella.

Además, HAP2 y los fusógenos virales, junto a las proteínas FF del nematodo Caenorhabditis elegans, que promueven la fusión de células no sexuales, forman una nueva superfamilia de proteínas fusogénicas, es decir que promueven la fusión, a las que llamamos fusexinas (por fusion proteins essential for sexual reproduction and exoplasmic merger of plasma membranes, en inglés).

Este parecido sorprendente entre proteínas que intervienen en la fusión de membranas en contextos tan diferentes nos llevó a preguntarnos si el mecanismo que utilizan las fusexinas sexuales era único o similar a alguna de las otras fusexinas. 

Utilizando HAP2 de la planta modelo Arabidopsis thaliana, en experimentos en los que se ensayó la fusión entre células vimos que, de manera similar a lo que ocurre con las fusexinas no sexuales FF, HAP2 tiene que estar presente en ambas membranas celulares para promover la fusión. 

Esta necesidad de acción bilateral de las fusexinas sexuales (HAP2) y somáticas (FF) se distingue de las fusexinas virales ya que estas últimas, por estar únicamente en la envoltura viral, catalizan la fusión unilateralmente.

La conservación de estructura, secuencia y función entre fusexinas nos hace proponer que divergen de un ancestro común. 

Al unificar las fusexinas de los procesos de fusión de gametos, de células somáticas y la entrada de virus a células hospedadoras se plantea un escenario evolutivo donde los orígenes de la reproducción sexual en eucariotas y de los virus con membrana se encuentran entremezclados. 

Más allá del origen de cada uno (materia de intenso debate) virus y células han coexistido desde el inicio de la vida.

Un escenario posible es aquel en el que hace 2-3 billones de años una célula utilizó una fusexina ancestral para mejorar el intercambio de genes con otras células dando inicio a una forma de reproducción sexual. 

Mas tarde los virus envueltos tomaron estas proteínas para poder infectar eficientemente células y finalmente organismos multicelulares adaptaron estas proteínas para esculpir órganos como los músculos y osteoclastos en vertebrados y la vulva, útero, glándulas, piel y faringe en nematodos (gusanos).


Pablo Aguilar junto a su equipo de trabajo. 
Foto: CONICET Fotografía.

Las fusexinas nos resultan maquinarias fascinantes que manteniendo un principio estructural común se diversificaron para catalizar la fusión de membranas celulares mediante distintos mecanismos y en contextos biológicos muy diferentes. 

Entender las distintas relaciones de estructura-función de las fusexinas permitirá la manipulación de la fusión célula-célula tanto en biotecnología reproductiva como del desarrollo de tejidos y en patogenia viral.

*Pablo Aguilar es investigador independiente del CONICET en el Instituto de Investigaciones Biotecnológicas “Dr. Rodolfo A. Ugalde” (IIB-INTECH, CONICET-UNSAM). 

Obtuvo su Licenciatura en Bioquímica en la Universidad Nacional de Rosario, donde también obtuvo su doctorado en la misma disciplina. 

Luego de estadías de investigación en la Universidad de California San Francisco (EE.UU.) y en el Institut Pasteur de Montevideo (Uruguay), regresó al país en 2014.

Sobre investigación

– Clari Valansi. Technion- Israel Institute of Technology, Haifa, Israel.
– David Moi. Becario doctoral. Instituto de Investigaciones Biotecnológicas “Dr. Rodolfo A. Ugalde” (IIB-INTECH, CONICET-UNSAM)
– Evgenia Leikina. National Institutes of Health, Bethesda, USA.
– Elena Matveev. Technion- Israel Institute of Technology, Haifa, Israel.
– Martín Graña. Institut Pasteur Montevideo, Uruguay.
– Leonid Chernomordik. National Institutes of Health, Bethesda, USA.
– Héctor Romero. Universidad de la República, Montevideo, Uruguay.
– Pablo S. Aguilar. Investigador independiente. IIB-INTECH.
– Benjamin Pobilewicz. Technion- Israel Institute of Technology, Haifa, Israel.

CONICET


lunes, 20 de febrero de 2017

Investigar en red para construir conocimiento científico


El equipo de trabajo del CEGRA. 
Foto: gentileza CEGRA.

Desde el CEGRA, especialistas del CONICET y de otras instituciones dialogan permanentemente con la comunidad para dar respuesta a sus problemas sociales.

Recientemente, en la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC) -específicamente en la Facultad de Ciencias Humanas- se conformó el Centro de Estudios y de Gestión en Redes Académicas (CEGRA), iniciativa de la doctora Celia Basconzuelo, investigadora adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), y del profesor Fabio Dandrea.

El Centro institucionaliza el trabajo que hace ya siete años se viene realizando desde la UNRC para conformar redes académicas con otras universidades del país y de Brasil, Colombia y Chile.

Su estructura interna es tripartita: está conformada, por un lado, por nodos o núcleos de investigación que responden a temáticas que son estudiadas en el marco de redes interuniversitarias y que propician el diálogo interdisciplinar; y por el otro, por un nodo de extensión sobre turismo cultural y un área de gestión de proyectos interuniversitarios.

Para la doctora Basconzuelo el trabajo en red es indispensable para cumplir el rol primordial que tienen las universidades: construir conocimiento científico.

“Si bien el Centro reúne en su inmensa mayoría a investigadores del área de las Ciencias Sociales, recientemente hemos incorporado una red de trabajo sobre medio ambiente que suma a especialistas de las Ciencias Naturales”, y agrega que “en estos tiempos donde la sociedad tiene una enorme complejidad, no se amerita la unidireccionalidad del conocimiento, sino la multidisciplina”.

Cabe destacar que el Centro incorpora un concepto de red ampliado: si bien se trata de un espacio de articulación entre universidades, el vínculo entre estas y la sociedad es central.

“Entendemos que tiene que haber un diálogo necesario con la sociedad, en principio en la sociedad en la cual la Universidad funciona (contexto territorial inmediato), luego con las dinámicas de la sociedad civil en general”, sostiene la doctora en Historia.

Y es por ello que Basconzuelo hace hincapié en la perspectiva epistemológica desde la que se ubica el investigador:

“Si bien el científico –desde su mirada- enuncia ciertas temáticas, hay que analizar las problemáticas tal como las ve el grupo social, sino va a ser muy difícil que demos respuesta a los problemas sociales”.

Finalmente, la investigadora afirma que también es relevante el abordaje metodológico a la hora de entrar en contacto con la sociedad civil:

“Nos acercamos a las ONG, a las cooperativas, les hacemos conocer nuestro trabajo y luego les transmitimos los resultados de la investigación. No nos acercamos sólo para entrevistarlos”.

Actualmente, este Centro –donde desarrollan sus tareas cuatro investigadores y seis becarios del CONICET y docentes, graduados y estudiantes de la UNRC– tiene cinco nodos de investigación cuyas temáticas giran en torno a la historia comparada del cooperativismo, la gestión de las lenguas en el área de portugués y español, los estudios sobre Asia y África, los conflictos socioambientales en América Latina, y los estudios sobre acción colectiva y movimientos sociales en América Latina.

CONICET