miércoles, 8 de julio de 2026

CONICET UNLP investigadores se preparan para la nueva era de “alta luminosidad” de la física de partículas

 

 HL-LHC tiene previsto comenzar a operar en 2030 y aumentará la intensidad, o luminosidad del colisionador, lo que resultará en un volumen de datos seis veces mayor al actual. Foto: gentileza investigado

Investigadores del CONICET y la UNLP se preparan para la nueva era de “alta luminosidad” de la física de partículas

Bajo la dirección de la investigadora María Teresa Dova, forman parte de la colaboración ATLAS, uno de los experimentos más importantes del Gran Colisionador de Hadrones (LHC, CERN) y uno de los instrumentos científicos más grandes y complejos jamás construidos. 

El proyecto encara una ambiciosa transformación y tiene previsto comenzar a operar en 2030 con un volumen de datos seis veces mayor al actual.

La colaboración ATLAS del Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés) es uno de los experimentos más importantes del CERN (antigua sigla en francés para Organización Europea para la Investigación Nuclear) y uno de los instrumentos científicos más grandes y complejos jamás construidos: 40 metros de longitud y unos 25 metros de altura. 

Fundado por el científico suizo Peter Jenni –su primer director–, el proyecto se centra en el estudio de las partículas elementales de la materia y las fuerzas fundamentales que rigen nuestro universo. 

Sus sistemas de vanguardia rastrean partículas producidas en colisiones de partículas a energías sin precedentes, lo que permite grandes descubrimientos como el bosón de Higgs y la búsqueda de nueva física más allá del Modelo Estándar. 

Desde 2006, expertos del CONICET y la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) en el Instituto de Física La Plata (IFLP, CONICET-UNLP), bajo la dirección de la investigadora del CONICET María Teresa Dova, han estado a la vanguardia de las investigaciones de ATLAS aportando importantes innovaciones como la medida de las propiedades del bosón de Higgs y la búsqueda de nuevas partículas e interacciones, así como el desarrollo de componentes de electrónica en la frontera de la tecnología.

El pasado 26 de junio, ATLAS registró las últimas colisiones protón-protón del LHC, y este –un día después– aceleró sus últimos protones. 

Estos hitos cierran un capítulo extraordinario en la física de partículas e inician una ambiciosa transformación tanto del LHC como de sus experimentos: el LHC de Alta Luminosidad (HL-LHC). 

HL-LHC tiene previsto comenzar a operar en 2030 y aumentará la intensidad, o luminosidad del colisionador, lo que resultará en un volumen de datos seis veces mayor que el disponible actualmente. 

Como el mayor experimento del LHC, ATLAS también se transformará para gestionar este enorme flujo de datos mediante una ambiciosa actualización.

“El HL-LHC marcará el rumbo de la física de partículas durante las próximas décadas, y prepararse para ello es una de las empresas científicas más ambiciosas que nuestra colaboración ha emprendido jamás”, afirma Stéphane Willocq, portavoz de ATLAS

“Para registrar datos en estas condiciones extremas, los sistemas fundamentales del experimento ATLAS han sido reinventados por completo. 

Esto nos permitirá seguir ampliando las fronteras del conocimiento, explorando los límites de nuestras teorías actuales y buscando respuestas a las preguntas que estas dejan abiertas”.

El colosal esfuerzo de ingeniería para preparar los experimentos para el HL-LHC es solo una parte de la historia. 

Mientras los equipos de las diversas instituciones transforman el experimento para el HL-LHC, a su vez, se intensifica la actividad para analizar los enormes conjuntos de datos recopilados en el LHC. 

A lo largo de su vida útil, ATLAS ha registrado más de 50 millones de billones de colisiones protón-protón. 

“Gracias a este rico acervo de datos, los próximos años estarán entre los más productivos científicamente en la historia del experimento”, se entusiasman desde la colaboración.

El experimento ATLAS es gestionado por una colaboración global de miles de integrantes pertenecientes a institutos de todo el mundo, en la que participan más de 1.600 estudiantes de maestría y doctorado. 

Durante más de 20 años, investigadores del CONICET y de la UNLP han contribuido a su funcionamiento, al desarrollo de software y sistemas de disparo, a mediciones de precisión y a la búsqueda de nueva física.

“El éxito de ATLAS se basa en una colaboración internacional dinámica, donde la ciencia básica y los desarrollos tecnológicos de frontera se retroalimentan con un objetivo común: la búsqueda de conocimiento”, señaló María Teresa Dova, investigadora del CONICET en el IFLP y líder nacional de la colaboración argentina. 

“Estamos orgullosos de las contribuciones vitales que nuestro equipo ha realizado al programa científico de ATLAS”, añadió Hernán Wahlberg, investigador del CONICET en el IFLP y participante del experimento.

La actualización de ATLAS para el HL-LHC requerirá una de las campañas de ingeniería más complejas en la historia del CERN. Investigadores de los institutos asociados a ATLAS en todo el mundo han estado diseñando, construyendo y probando la próxima generación de tecnologías de detección, las cuales ya se están trasladando al CERN para su instalación. 

Esta renovación incluye un nuevo sistema de seguimiento de trazas interno, totalmente basado en silicio, con 5 mil millones de canales de lectura; un innovador detector de temporización de alta granularidad, con una resolución temporal de entre 30 y 50 picosegundos; y un sistema de selección de eventos de última generación basado en hardware programable, capaz de seleccionar eventos a una tasa de 1 MHz. 

“Es un programa ambicioso y sumamente complejo que exige la participación activa de toda nuestra colaboración; miles de miembros de ATLAS en todo el mundo han estado involucrados en estas actividades”, afirma Benedetto Gorini, coordinador de la actualización de ATLAS.

El CONICET y la UNLP se mantienen a la vanguardia de los esfuerzos científicos y técnicos del experimento, contribuyendo a preparar uno de los instrumentos científicos más sofisticados del mundo para los descubrimientos de la próxima década. 

Argentina desempeña un papel clave en esta transformación mediante su trabajo en el nuevo sistema de adquisición de datos y disparo. 

Investigadores e ingenieros del CONICET y la UNLP han sido responsables del diseño del firmware para placas FPGA y del sistema de fibras ópticas para interconectar el sistema de disparo en su primer nivel para la transmisión y procesamiento instantáneo de señales. 

Esto permite garantizar que ATLAS pueda registrar datos en el desafiante entorno del HL-LHC, donde se producirán hasta 200 colisiones protón-protón simultáneas, 40 millones de veces por segundo.

“La contribución del Laboratorio de Física de Altas Energías del IFLP está ayudando a equipar a ATLAS para una escala de exploración física totalmente nueva”, señala Facundo Lucca, profesional del CONICET en el IFLP e ingeniero responsable. 

“Las tecnologías que desarrollamos hoy permitirán realizar mediciones de precisión y abrirán el camino a los descubrimientos de las próximas décadas, teniendo a su vez aplicaciones de impacto en el medio socio-productivo”, destaca Fernando Monticelli, investigador del CONICET en el IFLP, a cargo del laboratorio local.

“El enorme conjunto de datos aún sin analizar del LHC sustentan un programa de análisis físico rico y diverso que abarca una amplia gama de temas, desde mediciones de precisión del bosón de Higgs hasta la búsqueda de fenómenos poco comunes que podrían apuntar a una física más allá del Modelo Estándar”, afirma Kerstin Tackmann, coordinadora de física de ATLAS

Los investigadores seguirán desempeñando un papel central en este programa a través de su trabajo en la física del Higgs y en nuevas búsquedas. 

“Estamos entrando en un periodo apasionante de la historia de la física de partículas”, señala Francisco Alonso, investigador del CONICET en el IFLP y parte de la colaboración. 

“Nuestros análisis abordan algunas de las cuestiones más fundamentales de la naturaleza”, afirman con entusiasmo Jean-Yves Beucamp, Tomas Buratovich y Fran Casinesse, becarios del CONICET en el IFLP, quienes realizan sus doctorados en el experimento.

Mientras una etapa del LHC llega a su fin, otra se prepara para comenzar. 

“La fortaleza de ATLAS reside en su gente”, concluye Willocq. 

“Al emprender el camino hacia la era del HL-LHC, lo hacemos con confianza, sabiendo que nuestros esfuerzos conjuntos han dado lugar repetidamente a importantes avances científicos. 

Los años venideros estarán marcados tanto por descubrimientos científicos extraordinarios como por notables logros técnicos”, cierra.

CONICET

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martes, 7 de julio de 2026

Nanotecnología aplicada al agro Buscan hacer más eficiente el uso de fertilizantes

  

 Micrografía TEM de las nanocápsulas minerales. Se distinguen las cavidades internas destinadas a la incorporación del nutriente, mientras que la propia estructura de la cápsula está constituida por elementos

Nanotecnología aplicada al agro BBuscan hacer más eficiente el uso de fertilizantes

El proyecto de científicos del CONICET y la Universidad Nacional del Litoral, que ya cuenta con varios convenios I+D con empresas del sector agrícola, avanza hacia la producción a gran escala con ensayos prometedores en cultivos de trigo y maíz.

Los investigadores del CONICET Gonzalo Berhongaray, del Instituto de Ciencias Agropecuarias del Litoral (ICIAGRO, CONICET-UNL), y Gustavo Mendow, del Instituto de Investigaciones en Catálisis y Petroquímica (INCAPE, CONICET-UNL), trabajan conjuntamente en un proyecto que busca hacer más eficiente el uso de fertilizantes en el agro a través del desarrollo de nanocápsulas que puedan contener las nutrientes que necesitan los cultivos y liberarlas de manera gradual.

Se trata de científicos que se desempeñaban en distintos ámbitos, con diferentes experticias: Berhongaray, se especializa en manejo de suelos, fertilidad y procesos biogeoquímicos asociados a la producción agrícola, mientras que Mendow tiene una amplia trayectoria en el campo de la nanotecnología y el desarrollo de sistemas de encapsulado y liberación controlada de compuestos.

Gustavo Mendow junto a Lourdes Vergara y Bárbara Sánchez quienes integran el Grupo de desarrollos e innovación de procesos químicos aplicados del INCAPE.

Hace algunos años comenzaron a trabajar juntos bajo la hipótesis de que “fertilizar mejor, no necesariamente es fertilizar más”. 

Los investigadores notaban que una parte importante de los fertilizantes aplicados no era aprovechada por los cultivos, que existían pérdidas en el suelo y que los costos de fertilización eran crecientes. 

El punto de partida fue una pregunta técnica, pero también estratégica para la agricultura argentina: ¿cómo aumentar la eficiencia del uso de nutrientes y reducir pérdidas al ambiente?

La idea inicial fue desarrollar sistemas nanoestructurados capaces de proteger nutrientes, modular su liberación y mejorar su interacción con la planta y el suelo. 

“Una de las plataformas más innovadoras dentro de este campo es el uso de nanocápsulas minerales fertilizantes cargadas con urea. 

A diferencia de otros sistemas de encapsulación donde la matriz actúa únicamente como vehículo de transporte, en este caso la propia nanocápsula constituye una fuente nutricional para la planta. 

La estructura mineral aporta nutrientes de manera gradual, mientras que la urea incorporada en su interior proporciona nitrógeno de forma controlada. 

Como resultado, se obtiene un sistema multifuncional capaz de suministrar simultáneamente tres nutrientes esenciales para el crecimiento vegetal a partir de una única formulación”, explica Mendow.

“La elevada superficie específica y las propiedades fisicoquímicas de estas nanocápsulas permiten adsorber y retener nutrientes de manera eficiente, reduciendo la velocidad de liberación en comparación con los fertilizantes tradicionales. 

Esto favorece una mayor permanencia de los nutrientes en la zona radicular y disminuye significativamente las pérdidas por volatilización de amoníaco, lixiviación de nitratos y fijación en el suelo. 

La liberación gradual del nitrógeno permite además una mejor sincronización entre la disponibilidad del nutriente y la demanda del cultivo, aumentando la eficiencia de uso del nitrógeno y mejorando el retorno económico de la fertilización”, aclara el investigador.

Gonzalo Berongaray (ICIAGRO-CONICET/UNL)

Los primeros desarrollos y los ensayos a campo

El proyecto comenzó con el diseño de formulaciones, síntesis de materiales, validaciones físico-químicas y ensayos en condiciones reales de producción. 

Desde el inicio hubo una decisión deliberada de evitar que el proyecto quedara encerrado en el laboratorio, por eso, gran parte del trabajo se enfocó en validar tecnologías directamente en campo, trabajando sobre maíz, trigo, soja, cultivos intensivos, y distintas estrategias de fertilización.

Los ensayos buscaban responder una serie de preguntas concretas: ¿se puede reducir dosis manteniendo rendimiento?, ¿se mejora la absorción de nutrientes?, ¿se modifica la dinámica del fertilizante en el suelo?, ¿qué impacto tiene sobre calidad de cultivo?, ¿cuál es el efecto económico para el productor? 

A medida que aparecieron los primeros resultados, el proyecto comenzó a consolidarse.

Uno de los hitos importantes del proceso fue el desarrollo de tecnologías propias y la presentación de la patente “Composición fertilizante y su proceso de obtención”, vinculada a formulaciones nanoestructuradas para uso agrícola. 

Ese proceso implicó integrar capacidades muy distintas: nanotecnología, química de materiales, fisiología vegetal, fertilidad de suelos, microbiología y validación agronómica a escala real.

Pronto, el proyecto dejó de ser solamente una línea experimental para convertirse en una plataforma tecnológica con potencial de transferencia. 

Los estudios y ensayos se desarrollaron en Santa Fe, articulando al CONICET con universidades, empresas y productores. 

El trabajo involucró investigadores, becarios, estudiantes, técnicos y empresas, que aportaron desde distintas disciplinas. 

La lógica siempre fue interdisciplinaria. 

En lugar de pensar la nanotecnología como un desarrollo aislado, se trabajó sobre problemas concretos del sistema productivo tales como eficiencia de fertilización, sustentabilidad, reducción de pérdidas, impacto ambiental y escalabilidad.

Lourdes Vergara (INCAPE-CONICET/UNL) manupilando el equipo de reacción para síntesis de nanopartículas.

Financiamiento y crecimiento

Con el avance del proyecto comenzaron a llegar distintas instancias de financiamiento y reconocimiento. 

El grupo obtuvo apoyo a través de convocatorias nacionales y articulaciones público-privadas orientadas a innovación tecnológica, escalamiento y validación. 

Entre ellas: proyectos de investigación y desarrollo, convocatorias orientadas a transferencia, iniciativas vinculadas a bioinsumos y nanotecnología y programas de articulación entre ciencia y sector productivo. 

En este marco, se celebraron tres convenios I+D con la empresa agrícola entrerriana Berardo Agropecuaria, como otros con empresas del sector.

En paralelo, el equipo fue ampliando la agenda de trabajo: nano y microencapsulados, fertilizantes de liberación controlada, biofertilizantes, encapsulado de microorganismos, bioinsecticidas y tecnologías asociadas a eficiencia de uso de nutrientes.

Lourdes Vergara (INCAPE-CONICET/UNL) manupilando el equipo de reacción para síntesis de nanopartículas.

“El proyecto nunca se pensó solamente como ‘hacer nanopartículas’, la pregunta de fondo siempre fue cómo desarrollar tecnologías que permitan producir más eficientemente y con menor impacto ambiental. 

Eso implicó discutir permanentemente cuestiones como la escalabilidad industrial, costos reales, adopción por productores, compatibilidad con maquinaria, estabilidad de formulaciones, regulación y validación agronómica robusta”, señala Mendow. 

Esa combinación entre ciencia básica, ingeniería y validación en sistemas reales es una de las características más distintivas del proyecto.

Actualmente se continúa trabajando en la optimización del proceso productivo de nanopartículas y realizando ensayos en trigo y maíz para continuar validando el producto a gran escala. 

El equipo de trabajo está conversando con empresas de Argentina dedicadas a la producción de fertilizantes para que apoyen y financien la salida al mercado del producto.

Gustavo Mendow (INCAPE-CONICET/UNL) en su laboratorio en el CCT CONICET Santa Fe junto al equipo de reacción para síntesis de nanopartículas.

“La historia del proyecto refleja algo que ocurre frecuentemente en el sistema científico argentino: desarrollos de frontera construidos desde vínculos humanos, interdisciplinarios y muchas veces improbables. 

Dos investigadores de disciplinas distintas construyeron una línea de investigación aplicada con impacto potencial sobre uno de los sectores productivos más importantes del país. 

También muestra la capacidad de CONICET y las universidades públicas para generar conocimiento que no queda únicamente en publicaciones científicas, sino que puede transformarse en innovación, transferencia y soluciones concretas para problemas productivos y ambientales”, concluye Berhongaray.

Por Fabián Fessia – Área de Comunicación CONICET Santa Fe

CONICET

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miércoles, 3 de junio de 2026

Tailandia Global Research Council El CONICET participó de la reunión anual

 

 El presidente del CONICET, Daniel Salamone junto al titular de la Japanese Society for the Promotion of Science, Tsuyoshi Sugino durante la firma del convenio.

El CONICET participó de la reunión anual del Global Research Council en Tailandia

A través de su presidente, Daniel Salamone, el Consejo participó de la 14.ª Reunión Anual del Global Research Council, realizada en Bangkok, donde mantuvo reuniones bilaterales y se debatieron estrategias globales sobre ciencia abierta, investigación responsable y cooperación internacional. 

En ese marco, el organismo firmó un Memorando de Entendimiento con la Japan Society for the Promotion of Science (JSPS) para fortalecer la articulación científica tecnológica entre Argentina y Japón.

El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), a través de su presidente Daniel Salamone, participó de la 14.ª Reunión Anual del Global Research Council (GRC), el principal foro internacional que nuclea a líderes de consejos de investigación y organismos de financiamiento de ciencia y tecnología de todo el mundo. 

La edición 2026 se llevó a cabo del 18 al 22 de mayo en Bangkok, Tailandia, bajo la organización conjunta del Thailand Science Research and Innovation (TSRI) y el Natural Sciences and Engineering Research Council of Canada (NSERC). 

Durante las diferentes jornadas, el titular del Consejo participó de sesiones plenarias, grupos de trabajo y reuniones regionales junto a autoridades de agencias científicas y organismos multilaterales de América, Europa, Asia-Pacífico, África y Medio Oriente. 

Asimismo, mantuvo encuentros bilaterales con representantes de distintas instituciones científicas internacionales para fortalecer vínculos de cooperación y explorar nuevas oportunidades de articulación institucional. A su vez, el CONICET firmó un Memorando de Entendimiento con la Japan Society for the Promotion of Science (JSPS) para fortalecer la articulación científica tecnológica entre Argentina y Japón.

La reunión anual del GRC reunió a representantes de organismos científicos de distintos continentes para debatir estrategias globales de cooperación, financiamiento y gestión de la investigación. 

Los principales ejes temáticos fueron la ciencia abierta y la investigación, en línea con los desafíos internacionales vinculados al acceso al conocimiento, la evaluación responsable de la investigación y el desarrollo sostenible.

Además de participar como presidente del CONICET, Salamone asistió al encuentro en su carácter de miembro del Governing Board (GB) del GRC, órgano de conducción del foro internacional, donde tuvo una participación activa en distintas instancias estratégicas de representación institucional y moderación de sesiones de alto nivel.

El CONICET participó de la reunión anual del Global Research Council en Tailandia.

Cooperación científica internacional y reuniones bilaterales

Entre los encuentros, se destacó la reunión bilateral con la directora ejecutiva del Research Council of Norway y presidente de Science Europe, Mari Sundli Tveit, orientada a avanzar en mecanismos formales de cooperación científica entre Argentina y Noruega

Durante el intercambio se abordaron posibles esquemas de movilidad e intercambio de investigadores, proyectos piloto y financiamiento bilateral en áreas como energía, biotecnología, investigación polar, meteorología, astronomía y ciencias básicas, con especial interés en investigación antártica.

Asimismo, Salamone mantuvo una reunión con autoridades del Thailand Science Research and Innovation, encabezada por su presidente, Sompong Klaynonsruang y el vicepresidente Vissanu Meeyoo, junto al jefe de la Sección Económica, Comercial y Turismo de la Embajada Argentina en Tailandia, Juan Pablo Volken

El encuentro tuvo como objetivo presentar capacidades institucionales del CONICET y explorar líneas de cooperación en biotecnología, medicina, energía, petroquímica, investigación aplicada y desarrollo tecnológico. 

Como resultado, se avanzó en conversaciones para la futura firma de un Memorando de Entendimiento entre ambas instituciones.

Durante la agenda oficial, el titular del CONICET también participó de un encuentro institucional organizado por el International Development Research Centre (IDRC), presidido por Julie Delahanty, junto a representantes de consejos de investigación de las Américas. 

Allí se analizaron oportunidades de cooperación internacional vinculadas al fortalecimiento institucional, la innovación responsable, la inteligencia artificial aplicada a desafíos sociales y el desarrollo científico del Sur Global.

En el marco del foro, Salamone sostuvo además reuniones con la directora ejecutiva del Ministerio de Empresa, Innovación y Empleo de Nueva Zelanda, Danette Olsen; con Nicole Arbour, representante del Belmont Forum, para intercambiar experiencias y explorar oportunidades de cooperación internacional.

Además, participó de la sesión general “Potenciar y orientar las iniciativas globales: el papel de los organismos de financiación de la investigación en los movimientos internacionales de I+i sobre la reforma de la evaluación de la investigación”, de la sesión “Compromisos multilaterales: retos y oportunidades para la cooperación regional”, y de la actividad “Advancing Inclusive Open Science Ecosystems: Perspectives from Research Funders and Global Partner”. 

También fue expositor en sesiones regionales de las Américas y en espacios cerrados del Governing Board del GRC.


El encuentro con autoridades del Thailand Science Research and Innovation tuvo como objetivo presentar capacidades institucionales del CONICET y explorar líneas de cooperación en biotecnología, medicina, energía,

Acuerdo con Japón y nuevas oportunidades de articulación

Uno de los principales resultados institucionales de la misión fue la firma de un nuevo Memorando de Entendimiento entre el CONICET y la JSPS, encabezada por su presidente Tsuyoshi Sugino, orientado a fortalecer la cooperación científica tecnológica entre Argentina y Japón

El acuerdo actualiza el marco institucional de cooperación y constituye una herramienta para promover futuros programas bilaterales de investigación, financiamiento conjunto, seminarios científicos y actividades de transferencia tecnológica.

Por último,sostuvo reuniones junto a autoridades de la Embajada Argentina en Tailandia, entre ellas el embajador Gustavo Martino, Juan Pablo Volken y Claudio Ricardo Gutiérrez, con el objetivo de fortalecer la articulación institucional y consolidar oportunidades de cooperación científica internacional surgidas durante el encuentro.

El titular del CONICET, Daniel Salamone (izq) junto a la presidente del Thailand Science Research and Innovation (TSRI), Sompong Klaynongsruang (der).

Ciencia abierta y desafíos globales

El Global Research Council es una organización internacional integrada por consejos de investigación y agencias de financiamiento científico de todo el mundo que promueve el intercambio de buenas prácticas, el fortalecimiento de políticas científicas y la cooperación internacional en investigación e innovación. 

Sus reuniones anuales constituyen uno de los principales espacios globales de discusión sobre gobernanza científica, evaluación de la investigación y desafíos estratégicos para el sistema científico internacional.

La participación del CONICET en este foro reafirmó el compromiso del organismo con la cooperación científica internacional, el fortalecimiento de redes multilaterales y la construcción de agendas de investigación colaborativas orientadas a enfrentar desafíos globales.

CONICET

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martes, 20 de enero de 2026

Validación de biofármacos de última generación Una unidad del CONICET y la UNR se consolida como referente regional

  

El equipo científico trabajando en la UEM: Germán Rosano, Enrique Morales y Alejo Cantoia. Foto: IBR/ Elizabeth Karayekov

Una unidad del CONICET y la UNR se consolida como referente regional para la validación de biofármacos de última generación

Se trata de la Unidad de Espectrometría de Masas (UEM) del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR), que gracias a la incorporación de tecnología de vanguardia puede analizar los anticuerpos monoclonales usados en terapias contra el cáncer con una precisión única a nivel nacional.

Desde su creación en 2021, bajo la dirección del investigador del CONICET Eduardo Ceccarelli, la Unidad de Espectrometría de Masa (UEM) del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR, CONICET–UNR) es un espacio donde la investigación básica, la innovación tecnológica y la vinculación con el sector productivo confluyen en torno a una herramienta analítica clave para la biología moderna: la espectrometría de masas.

Germán Rosano, actual director de la UEM en la sala de instrumental de IBR. Foto: IBR/ Elizabeth Karayekov.

Esta técnica se volvió esencial en biomedicina, biotecnología y desarrollo farmacéutico, dado que permite caracterizar con precisión productos terapéuticos complejos y aportar evidencia directa sobre atributos críticos de calidad. 

“La espectrometría de masas mide masas moleculares con una sensibilidad y eficiencia altísima. 

En sólo dos horas podemos conocer la identidad exacta de diez mil moléculas, sus modificaciones químicas y su grado de pureza.”, detalla Germán Rosano, investigador del CONICET en el IBR y actual director de la UEM. 

Y destaca: “Todas las semanas llegan nuevas solicitudes de servicios y el equipo funciona las 24 horas del día, estamos fortaleciendo las capacidades del sistema público y del privado ofreciendo un servicio de calidad, eso nos llena de orgullo”, expresa.

Tras la inversión cercana a un millón de dólares que le dio origen, la UEM lleva realizados casi 250 servicios -aproximadamente el análisis de 2 mil muestras- a instituciones y empresas del país y la región. 

Rosano destaca por un lado la experticia del equipo y también que los servicios tienen costos muy competitivos en el mercado, brindando una asesoría personalizada que los diferencia de los servicios similares que pueden realizarse enviando muestras al exterior.

Eduardo Ceccarelli preparando el flamante equipamiento para su primer análisis. Foto: gentileza de los investigadores.

Trabajar con moléculas intactas

Un espectrómetro de masas está preparado para estudiar proteínas por una técnica que requiere como primer paso cortarlas en ‘pedacitos más pequeños’ (denominados péptidos) para poder analizarlas. 

Luego se trabaja con esos fragmentos y se arma el “rompecabezas” para tener los resultados de la proteína completa. 

Esa es la estrategia porque los espectrómetros de masa generalmente no tienen la capacidad de analizar proteínas de alto peso molecular (gran tamaño). 

“Es un enfoque robusto y extremadamente informativo, pero puede dejar fuera datos sobre la molécula intacta, que pueden resultar muy relevantes, por ejemplo, en el caso de las proteínas bioterapeúticas que produce la industria farmacéutica”, advierte Rosano.

En este sentido, actualmente están en pleno desarrollo las inmunoterapias para el tratamiento de diversos tipos de cáncer. 

Estas estrategias terapéuticas se basan en el uso de anticuerpos monoclonales, proteínas de gran tamaño diseñadas para reconocer de manera altamente específica a las células tumorales. 

Al unirse a sus blancos moleculares, estos anticuerpos permiten identificar a las células malignas y desencadenar distintos mecanismos que contribuyen a su eliminación.

Los técnicos de CONICET altamente capacitados llevan adelante la preparación de muestras y operación del complejo equipamiento de la UEM. En la foto: Enrique Morales y Alejo Cantoia. Foto: IBR/ Elizabeth Karayekov

Una vez que un anticuerpo monoclonal es aprobado para su administración en humanos, su producción queda protegida por una patente, que otorga exclusividad al laboratorio que lo desarrolló. 

Sin embargo, a medida que estas patentes expiran, otros laboratorios pueden producir biosimilares, es decir, anticuerpos altamente comparables al fármaco original, aunque fabricados por empresas distintas al titular de la patente. 

Para que un biosimilar sea aprobado, debe demostrar una equivalencia estricta con el compuesto original en términos de estructura molecular, modificaciones postraduccionales y actividad biológica. Explica Rosano: 

“En ese camino, una de las herramientas más informativas es el análisis de proteínas intactas de gran tamaño con plataformas de alta resolución. 

En la UEM incorporamos a nuestro espectrómetro de masas el módulo BioPharma, que nos permite realizar este tipo de mediciones“. 

Eso significa que pueden analizar proteínas muy grandes sin tener que cortarlas en fragmentos previamente. 

“Hemos diseñado el flujo de trabajo para hacer estos análisis, volviéndonos el único proveedor de estos servicios en el país y de la región CONOSUR (exceptuando Brasil)”, declara entusiasta Rosano.

Espectrómetro de masa Q Exactive HF (analizador Orbitrap High Field, Thermo Scientific). Foto: IBR/ Elizabeth Karayekov

En los últimos años han surgido nuevas estrategias terapéuticas que amplían aún más el potencial clínico de los anticuerpos monoclonales. 

Entre ellas se destacan los anticuerpos conjugados, que combinan la especificidad del anticuerpo con la potencia de una droga unida químicamente a su estructura. 

En este caso, el anticuerpo actúa como un sistema de transporte dirigido que reconoce su blanco en la célula tumoral y permite la entrega localizada del fármaco, aumentando la eficacia y reduciendo efectos adversos. 

La complejidad estructural de estos conjugados plantea desafíos analíticos aún mayores: no solo es necesario confirmar la presencia de la droga, sino también determinar cuántas moléculas de fármaco se unen a cada anticuerpo . 

Según Rosano, la medición precisa de este valor es crítica para la calidad y seguridad del producto, y la espectrometría de masas es el estándar de oro para hacerlo. 

Y concluye: “Al articular la caracterización por espectrometría de masas con capacidades locales de producción de proteínas recombinantes, en la UEM se abren muchas puertas: es un universo que no estaba explorado en nuestro país”.

El equipo de la UEM junto a los estudiantes seleccionados para el curso internacional realizado en IBR. Foto: gentileza de los investigadores.

Contagiar el entusiasmo

Otro pilar de la UEM es difundir y transferir los conocimientos que poseen sobre la técnica y sus aplicaciones con la realización de cursos internacionales. 

“La espectrometría es un universo tan lindo que, cuando se enseña con claridad y con aplicaciones reales, despierta interés y genera nuevas capacidades”, expresa Rosano.

En 2025, se seleccionaron 22 participantes de Uruguay, Chile, Ecuador, Brasil, México, Costa Rica, Colombia y varias provincias de Argentina, que llegaron a Rosario para aprender sobre la producción y caracterización de proteínas terapéuticas mediante espectrometría de masas. 

En el grupo coincidieron desde representantes de la industria privada con interés de incorporar esta técnica analítica en sus procesos productivos, hasta funcionarios gubernamentales involucrados en la regulación de proteínas terapéuticas, pasando por investigadores e investigadoras del sector académico. 

Además de los integrantes de la UEM, el plantel docente se completó con expertos internacionales en espectrometría de proteínas terapéuticas y en producción de proteínas recombinantes. 

“Recibir a estas personas también nos ayuda a entender más sobre el proceso productivo y evaluar cómo podemos atender las necesidades del sector desde nuestra experticia”, señala Rosano y remarca la importancia de contar con este tipo de servicios de alta complejidad en el sistema científico público argentino y concluye: 

“Dado el ecosistema de empresas biotecnológicas del país y el sistema académico público tan  diverso era muy importante lograr desarrollar la espectrometría de masas al nivel que lo hemos llevado en la UEM, se nota que hemos logrado cubrir un vacío que hasta ahora permanecía sin explorar en profundidad.”

Empresas e instituciones interesadas en caracterización de bioterapéuticos pueden contactar a la UEM-IBR (CONICET-UNR) para una reunión técnica inicial y definición del plan analítico: https://ibr-conicet.gov.ar/unidad-de-espectrometria-de-masa/

Por Elizabeth Karayekov – Área de Comunicación IBR (CONICET-UNR)

CONICET

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viernes, 28 de noviembre de 2025

Premio Fima Leloir 2025 para una científica del CONICET

 

 Ana Sol Peinetti, ganadora del Premio Fima Leloir 2025.

Premio Fima Leloir 2025 para una científica del CONICET que diseña biosensores para el diagnóstico de enfermedades infecciosas

Ana Sol Peinetti dirige un proyecto que apunta desarrollar test de diagnóstico rápido diseñados para ser utilizados en hospitales, centros de atención primaria, hogares y aeropuertos.

Ana Sol Peinetti es investigadora del CONICET en el Instituto de Química Física de los Materiales, Medio Ambiente y Energía (INQUIMAE, CONICET-UBA), donde dirige el Laboratorio de Bionanotecnologías. 

Desde allí busca respuestas a preguntas biomédicas cada vez más complejas, combinando las técnicas de bioingeniería y bioquímica de ADN en las que se especializó durante el posdoctorado que realizó en Estados Unidos, con su formación en química de materiales. 

Por su trayectoria y sus logros en tan poco tiempo, y por su proyecto de aplicar nanotecnología para mejorar el diagnóstico rápido y preciso de enfermedades infecciosas, resultó ganadora de los 15 mil dólares que otorga la 5ª edición del Premio Fima Leloir “a la Excelencia de Jóvenes Investigadores”.

Uno de los ejes principales del trabajo de Penetti se centra en la obtención de aptámeros (secuencias cortas de ADN) que son específicos para distintos virus y capaces de diferenciar serotipos o variantes, clave para el caso del dengue. 

El objetivo es desarrollar test rápidos, similares a los de embarazo o los de antígenos que se usaron durante la pandemia por COVID-19, pero que sirvan para hacer diagnósticos certeros y no sólo para monitoreo.

“La idea es crear una nueva generación de test para enfermedades infecciosas porque los actuales tienen el problema de que, si dan positivo, no quedan dudas. 

Pero ante un negativo no tenemos la certeza de que esa persona no esté infectada”, asegura Peinetti, quien busca resolver esa falta de sensibilidad actual de los test de antígenos, de manera de que puedan ser utilizados con precisión diagnóstica en el hogar, hospitales o aeropuertos. 

“Queremos seguir determinando antígenos porque tienen la ventaja de tener menos riesgos de contaminación cruzada en comparación con lo que ocurre con el material genético del patógeno. Pero eso requiere muchos desafíos tecnológicos”, enfatiza.

A diferencia de una molécula de ADN, de la que se pueden obtener muchas copias por medio de técnicas de PCR, por ejemplo, es muy difícil obtener muchas proteínas a partir de una sola. 

Entonces, el eje de su proyecto es transformar el antígeno detectado en una señal de ADN a la que se pueda amplificar dentro del mismo kit. 

Y eso se logra por medio de los aptámeros que Peinetti y su equipo están desarrollando. 

“La incorporación de estos aptámeros en nanoestructuras nos permite desarrollar test con la alta sensibilidad que requiere el diagnóstico de antígenos virales”, añade la científica.

Ida y vuelta

Luego de hacer el doctorado en la UBA, en 2017 Peinetti viajó a los Estados Unidos gracias a una beca 

Pew para realizar su posdoctorado en ingeniería de biomoléculas en el Departamento de Química de la Universidad de Illinois, en Urbana-Champaign, bajo la dirección del profesor Yi Lu. 

Al finalizarla. a fines de 2020 volvió a la Argentina establecer su propio laboratorio en el INQUIMAE.

“Siempre tuve la idea de volver. 

Hacer ciencia acá, buscando solucionar problemas del país, es lo que más me interesa y le da sentido a lo que hago. 

Recibir este premio es una gran alegría y una gran motivación”, concluye la flamante ganadora de la edición 2025 del Premio Fima Leloir.

Entre otras distinciones, la científica obtuvo en 2021 el premio nacional L’Oréal-UNESCO “Por la Mujer en la Ciencia” en la categoría Joven; uno de los premios del Fondo de Innovación de la fundación estadounidense Pew Charitable Trusts (2024); y el Pew-Chan Zuckerberg Initiative Repatriation Award (2025).

El Premio Fima Leloir se instauró por primera vez en 2016 con el fin de alentar a científicos jóvenes dedicados a la investigación básica en ciencias biomédicas, biología o fisiología. 

Se entrega cada dos años y, a través de él, se busca reconocer a quien se destaque por su producción científica, la relevancia de sus contribuciones y por la perspectiva futura de liderar un proyecto de investigación. 

Este año, además del premio de 15 mil dólares a Peinetti, recibieron menciones de honor los doctores María José Iglesias, directora del Laboratorio “Regulaciones Redox en Plantas”, del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias(IFIBYNE,CONICET.UBA); y Agustín Mangiarotti, del Centro de Investigaciones en Química Biológica de Córdoba (CIQUIBIC-CONICET-UNC).

Los ganadores de las ediciones anteriores del premio fueron Federico Ariel (entonces en el Instituto de Agrobiotecnología del Litoral; actualmente en el IFYBINE); Ezequiel Petrillo (IFYBINE); Emilio Kropff y Daiana Capdevila (IIBBA, CONICET-Fundación Instituto Leloir).

Fuente: FIL

CONICET

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martes, 11 de noviembre de 2025

Premio L´Oréal- UNESCO 2025 para la científica que desarrolló un método de vanguardia para que las plantas resistan a las olas de calor

 

Premio L´Oréal- UNESCO 2025 para la científica que desarrolló un método de vanguardia para que las plantas resistan a las olas de calor

Se trata de Gabriela Pagnussat, investigadora del CONICET en el Instituto de Investigaciones Biológicas (IIB)

Las olas de calor acechan a los cultivos en todo el mundo. 

Mientras la temperatura media global aumenta cada año, la científica del CONICET Gabriela Pagnussat encontró una manera de que las plantas no mueran frente al estrés por calor. 

Diseñó, junto a su equipo de trabajo en el Instituto de Investigaciones Biológicas (IIB, CONICET-UNMDP), un camino para modificar sus genes y dotarlas de “memoria del estrés térmico”, lo que significa que estas plantas nacen aclimatadas a las altas temperaturas. 

Por su descubrimiento, que promete ser una solución biotecnológica al problema mundial de la pérdida del rendimiento en las cosechas, recibió el Premio L´oréal-UNESCO 2025 “Por las mujeres en la ciencia” en colaboración con CONICET, lo que le permitirá dar el próximo paso en su investigación y validar en desarrollo en plantas de arroz y de soja.

“En el mundo, por cada grado de incremento de temperatura media global se pierde entre el tres y el diez por ciento de la producción, lo que significa más de cuarenta mil millones de dólares de pérdidas de manera directa cada año y otros sesenta de manera indirecta”, asegura la científica de 53 años que acaba de ser premiada por su proyecto, que se titula 

“Hacia cultivos resistentes a las olas de calor: Activación del factor de splicing SWAP mediante tecnología CRISPR-dCAS9”. 

El proyecto consiste en desarrollar líneas de plantas con capacidad para tolerar estrés por altas temperaturas que en un futuro puedan extrapolarse a cultivos agronómicos de alto valor, para mejorar su adaptación a eventos de calor extremo y su productividad. 

“Encontrar los mecanismos moleculares de respuesta al calor –dice Pagnussat- nos va a permitir brindar herramientas biotecnológicas para que los cultivos del futuro sean más sustentables”.

Si bien en el mundo varios grupos de investigación y empresas multinacionales están enfocadas en resolver el problema de la tolerancia de las plantas al calor desde hace años, el grupo de trabajo de Pagnussat está a la vanguardia de ese  campo de estudio: 

“Hace unos años, nuestro grupo descubrió el mecanismo por el cual las plantas mueren por calor, y vimos que si frenábamos ese mecanismo, las plantas se hacían resistentes al calor sin necesidad de echar mano a la ´termotolerancia adquirida´, que es cuando las plantas se aclimatan previamente para tolerar períodos de calor extremo. 

Es decir que descubrimos cómo las plantas pueden tolerar las olas de calor sin necesidad de aclimatación previa”, dice Pagnussat.

A la vanguardia

El momento bisagra en el camino de Pagnussat hacia el diseño de plantas resistentes al calor ocurrió en el año 2012, durante un congreso al que la científica asistió en Washington DC. 

Allí conoció a un colega de la Universidad de Columbia que acababa de describir un nuevo mecanismo a través del cual las células tumorales mueren en los seres humanos. 

A Pagnussat se le ocurrió traspolar el descubrimiento de las células tumorales en seres humanos hacia las plantas. 

Ya de regreso a su laboratorio, junto a sus colegas del CONICET Ayelén Distéfano y Victoria Martin, sometió a un grupo de plantas en las que había inhibido el mismo camino de muerte celular que había descripto su colega de la Universidad de Columbia, a una temperatura de 55 grados centígrados, y dejó otro grupo de plantas sin tratar. 

Encerradas en el laboratorio frente a su experimento, comenzaron a ver que las plantas tratadas sobrevivían, y las que no habían sido tratadas, morían. 

“´No puede ser´, decíamos con Victoria y Ayelén, y lo repetíamos una y otra vez y siempre nos daba igual. 

Si sometíamos a las plantas a otro factor de estrés, como la sequía, no funcionaba: las plantas se morían. 

Ahí nos dimos cuenta que estábamos frente a algo muy diferente”, recuerda la científica, “algo que nos permitía actuar puntualmente contra el calor”.

El mecanismo que lograron inhibir se llama “ferroptosis”: un proceso de muerte celular que depende del hierro, y se dispara específicamente por calor. 

Ese descubrimiento lo publicaron en el año 2017 en un paper que fue portada de la revista Journal of Cell Biology. 

“A partir de este descubrimiento empezamos a ver que en otras especies ocurría lo mismo, de hecho hay grupos que reportaron un mecanismo similar en otras especies, y también vimos que ocurre en algas unicelulares, y en bacterias fotosintéticas, es decir que es un mecanismo muy conservado. 

Eso nos dio la pauta de que se podía replicar teóricamente en cualquier planta. 

En cualquier cultivo nosotros podríamos detener este mecanismo de muerte celular y obtener plantas resistentes a las altas temperaturas”, señala la científica laureada.

Para frenar la ferroptosis, la científica llegó a SWAP: un gen que participa en un mecanismo molecular que se llama Splicing y que aparece cuando se inhibe la muerte celular que es afectada por el calor en las plantas. 

Al activar “SWAP le conferimos a las plantas como una ´memoria del estrés térmico´. 

Al modificar la transcripción de SWAP, lo que nosotros modificamos es esa memoria”. 

Para “prender” SWAP, es decir que estas plantas tengan este mecanismo encendido sin un estrés o una preaclimatación, utilizaron una tecnología para modificar genes llamada CRISPR-dCAS9. 

“Sería como implantarles una memoria artificial: transformamos a todas las plantas en plantas que recuerdan un calor que nunca antes vivieron. 

Eso las hace nacer preparadas para las altas temperaturas”, indica Pagnussat. 

“En lenguaje científico, esa es la gran hipótesis de nuestro proyecto: que si nosotros tenemos prendido SWAP, aun cuando las plantas no estén sometidas a ningún tipo de estrés, estamos preparando a esta planta para cuando venga una ola de calor”, detalla.

Y subraya: “El hecho de que este mecanismo solamente responda al calor es además una ventaja. 

Sabemos que si modificamos genéticamente la planta para que subsista al calor, no vamos a afectar otras funciones de la planta, su desarrollo o crecimiento. 

Este descubrimiento nos posiciona en un lugar clave para una innovación tecnológica. 

Obtenemos plantas que ya desde la semilla tienen ese gen SWAP activado, es decir, una planta preparada para soportas las altas temperaturas todo el tiempo, aunque no haya sido aclimatada”, dice Pagnussat, que creó recientemente la Empresa de Base Tecnológica llamada Thermoreleaf, para continuar el camino hacia la creación de plantas resistentes al calor.

Un mundo fascinante

La vocación científica de Pagnussat comenzó en el colegio secundario, “a partir de un taller de genética que tuve en el colegio, que me fascinó y dije ´yo quiero estudiar Biología´”, recuerda. 

Lo que no se imaginaba era la atracción que le iban a causar puntualmente las plantas. 

“En mi doctorado comencé a estudiar las plantas y me fascinó descubrir su resiliencia, la plasticidad que tienen. 

Las plantas no son como los animales, que pueden escapar ante una situación de estrés. 

Están expuestas a ambientes muchas veces de manera terrible y sin embargo crecen, se desarrollan, sobreviven. 

Necesitan adaptarse en el lugar en el que están, por eso han desarrollado durante su camino evolutivo estrategias a nivel bioquímico y molecular que les permiten sobrevivir a agresiones del ambiente, tanto biológicas como físicas, que hace que tengan esa plasticidad y esos mecanismos múltiples de los cuales nosotros tenemos tanto que aprender”, señala la científica.

Para realizar su posdoctorado, Pagnussat se trasladó a la Universidad de California, en Davis, y regresó al país en 2009, gracias al programa de repatriación de científicos. 

Desarrolló su línea de estudio en plantas en el IIB, en biología reproductiva de las plantas y también en el estudio de sus respuestas moleculares al ambiente, lo que derivó en que descubriera el proceso de muerte celular programada de las plantas en respuesta al calor y comience el proyecto por el que acaba de ser premiada.

“El premio L´oréal para mí siempre fue muy relevante. 

Es un gran honor recibirlo, porque sé el talento que tienen en Argentina las científicas y la competencia que existe en el país”, dice Pagnussat, que se enteró de que había ganado un premio justo antes de entrar a un zoom de trabajo, sola en su oficina. 

Le tomó un rato salir del shock y comunicarle la noticia a sus seres queridos. 

“Ser mujer y científica a veces es un poco duro, pero creo que siempre en la vida es más fácil cuando tenés el equipo adecuado”, reflexiona. 

“En mi caso, siempre me rodeé de colegas o jefes que fueron una gran red de apoyo. 

Tengo un esposo científico que es un gran compañero y tres hijos, me fui al exterior por mi carrera, viajo, y en mi caso siento que ser mamá me hizo mucho más eficiente en mi trabajo”.

Para Pagnussat, recibir este reconocimiento ahora “es una emoción, porque no podía llegar en un mejor momento: necesitamos esta visibilidad para lograr apoyo público y privado para nuestro proyecto para seguir adelante. 

Este premio nos abre una puerta enorme para corroborar los alcances de esta nueva tecnología tan prometedora no solo para nosotros, sino para la industria agropecuaria global 

Necesitamos visibilizar cómo un proyecto de investigación básica puede ser la llave de la innovación. Porque la innovación se basa en el descubrimiento”, asegura. 

Y cierra: “Mi sueño a futuro es que lo que descubrimos se aplique en todos los cultivos que sufren olas de calor, en vid, tomate, trigo, cultivos intensivos y extensivos, y logre resolver el problema de las pérdidas de cultivo por esta exposición a temperaturas extremas. 

Estaríamos dando una solución desde la ciencia a una amenaza a la seguridad alimentaria global”.

Por Cintia Kemelmajer

CONICET

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viernes, 28 de marzo de 2025

Concurso IB50K Convocatoria para la 15° edición

 

Comenzó la convocatoria para la 15° edición del concurso IB50K

La iniciativa, organizada por el Instituto Balseiro, apunta a promover proyectos de jóvenes emprendedores del campo científico-tecnológico. Este año se otorgarán U$S 50.000 a los proyectos ganadores.

La nueva edición del IB50K, el certamen que premia planes de negocio de base tecnológica, fue lanzada a través de las redes sociales del Instituto Balseiro (IB), dependiente de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo).

Este año el Balseiro celebra su 70° aniversario, por lo que el lanzamiento del concurso se realizó en un marco de festejo. 

Además de informar las fechas clave, bases y condiciones del certamen, se compartieron experiencias a través de videos de quienes ya participaron en ediciones anteriores del IB50K.

La convocatoria invita a tecnoemprendedores de todo el país a presentar planes de negocios para empresas de base tecnológica

El objetivo es promover la capacidad emprendedora de estudiantes y jóvenes profesionales de las universidades argentinas, fomentar la creación y desarrollo de empresas de innovación tecnológica e impulsar el crecimiento tecnológico-industrial del país.

“El Balseiro es una institución académica y científica fundamental para la Argentina, que produce todo tipo de innovaciones. 

En la CNEA y en la UNCuyo entendimos hace algunos años que es muy importante no quedarnos en el conocimiento básico, sino dar un paso más: generar empresas de base tecnológica y productos innovadores que mejoren la calidad de vida de todos los argentinos. 

Para esto se creó el concurso IB50K, que está cumpliendo 15 años y se encuentra abierto a todos los estudiantes y jóvenes profesionales de todo el país. 

Así que los invito a participar”, convocó el presidente de la CNEA, el Dr. Ing. Germán Guido Lavalle.

Como en todas sus ediciones, el concurso IB50K repartirá más de 50 mil dólares en premios, aportados por instituciones y empresas privadas. 

El monto será distribuido entre los equipos ganadores, según la selección que realizará el jurado del certamen.

Los detalles del concurso

La inscripción al IB50K estará abierta hasta el viernes 4 de julio. 

Los proyectos pueden pertenecer a diferentes áreas temáticas, como inteligencia artificialsaludenergíabiotecnologíaarte y músicarobótica, telecomunicaciones y tecnología de la información, entre otras, sin que esto sea una limitación para presentar proyectos. 

Además, se entregarán premios especiales en determinadas áreas.

Según los organizadores, la participación de los jóvenes es el principal eje del concurso, por eso el 50% del equipo debe estar conformado por postulantes no mayores de 40 años, que sean estudiantes regulares y/o profesionales graduados de institutos terciarios o universidades de la Argentina en las áreas de ciencias aplicadas, básicas y de la salud.

Luego del cierre de las inscripciones, habrá una etapa de evaluación de los proyectos inscriptos. A principios de agosto, se anunciará el listado de finalistas y en los siguientes meses se realizarán diferentes actividades con esos equipos. 

La jornada de presentación final de los planes de negocios y la ceremonia de premiación se realizarán el 25 y el 26 de septiembre, respectivamente, en la ciudad de Bariloche.

El concurso IB50K es una iniciativa coordinada por la Secretaría de Vinculación e Innovación del Instituto Balseiro (CNEA-UNCuyo). 

Con 14 ediciones ya realizadas, este certamen ha sido declarado de interés por el Senado de la Nación, la Legislatura de Río Negro y el Municipio de San Carlos de Bariloche.

Para información sobre las bases y condiciones, consultar la web del Instituto Balseiro.

CNEA

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jueves, 12 de septiembre de 2024

Semillas envejecidas Revelan el rol clave de una enzima en la germinación y la recuperación

 

 Semilla normal de A. thaliana bajo microscopio confocal. Créditos: gentileza investigadores.

Revelan el rol clave de una enzima en la germinación y la recuperación de semillas envejecidas

El estudio de un equipo del CONICET describe por primera vez la actividad de la proteína MBD4L en la reparación de los daños genéticos que sufren las semillas al ser almacenadas. 

La investigación representa un valioso aporte a futuros desarrollos biotecnológicos para la agricultura.

Especialistas del CONICET describieron por primera vez la función clave de una enzima de reparación del ADN, llamada MBD4L, en la germinación de las semillas y en evitar su envejecimiento durante el almacenamiento. 

Sus hallazgos, publicados recientemente en la revista The Plant Journal, abren nuevas perspectivas sobre la importancia de esta enzima en las primeras etapas de vida de las plantas y podrían tener significativas aplicaciones en la agricultura y la biotecnología.

“El envejecimiento de las semillas es un proceso que lleva a la acumulación de daños en sus moléculas y su genoma. 

Constituye un problema, porque las semillas envejecidas tienen menor viabilidad y vigor, lo que puede resultar en cosechas menos productivas. 

Si bien el envejecimiento ocurre de forma natural, también puede ser exacerbado por ciertas condiciones climáticas, como una alta humedad relativa y temperaturas extremas”, explica Ignacio Lescano López, investigador del CONICET en la Unidad de Estudios Agropecuarios (UDEA, CONICET-INTA) y primer autor del trabajo.

María Elena Álvarez e Ignacio Lescano López. Créditos: gentileza investigadores.

Ya se sabe que estas mutaciones en el genoma deben repararse antes de la germinación, para que no se transmitan a la siguiente generación y puedan perjudicar el crecimiento y sobrevida de la planta. 

“En este estudio, verificamos que MBD4L es necesaria para activar un mecanismo que remueve los errores acumulados en el ADN, denominado sistema de reparación por escisión de bases (BER). 

Vimos que la actividad de la enzima ocurre durante la imbibición, que es el proceso de toma de agua de la semilla en momentos previos a la germinación. 

Con la imbibición, se empieza a activar el metabolismo de la semilla, así como estos sistemas de reparación del ADN”, destaca Lescano.

Para investigar los efectos de MBD4L en la germinación, los científicos utilizaron semillas de una planta modelo, Arabidopsis thaliana, con distintos niveles de la enzima. 

Por un lado, demostraron que las semillas mutantes que no producen la enzima sufren un retardo en la germinación y tienen menor viabilidad, luego de ser almacenadas por un año. 

A su vez, obtuvieron líneas transgénicas que producen más copias de MBD4L y observaron que sus semillas presentan una mejor respuesta de la reparación y una germinación más rápida. 

“Al ver las dos caras de la misma moneda, la falta y el exceso de la enzima, se confirma su función en las plantas”, comenta María Elena Álvarez, investigadora del CONICET en el Centro de Investigaciones en Química Biológica de Córdoba (CIQUIBIC, CONICET-UNC) y directora del equipo.

Según los autores, estos hallazgos podrían tener gran relevancia para el desarrollo de herramientas biotecnológicas que propicien la viabilidad de semillas y las vuelvan más resistentes al envejecimiento. 

“En 2022, presentamos nuestros resultados en un congreso internacional sobre respuestas moleculares en plantas frente al cambio climático y recibimos buenas repercusiones. 

En el contexto actual de cambio global, uno de los problemas es el aumento de la temperatura en los lugares donde se conservan las semillas. 

Por eso, es crucial encontrar maneras de mantener y mejorar la calidad de las semillas almacenadas para garantizar una producción agrícola sostenible”, afirma Lescano.

Izq. a der.: Ignacio Lescano López, José R. Torres, Nicolás Cecchini y María Elena Álvarez. Créditos: gentileza investigadores.

La investigación básica germina con el esfuerzo sostenido

Aunque desde hace tiempo se conoce la función de esta enzima de reparación genética en mamíferos, su equivalente en plantas ha sido menos investigado. 

El equipo dirigido por María Elena Álvarez tiene una trayectoria de diez años en el estudio de la actividad de MBD4L en Arabidopsis thaliana.

“Varios becarios han transitado por esta línea de investigación, aportando distintos conocimientos sobre la enzima. 

Nuestro interés es conocer sus efectos en diferentes condiciones en las que la planta está sometida a estrés. 

En una investigación previa mostramos por primera vez, mediante experimentos in vivo, que la enzima se activa en las plantas frente al daño generado por agentes genotóxicos. 

Luego, en el presente trabajo, buscamos detectar la actividad de MBD4L en alguna etapa de la vida de la planta, en condiciones fisiológicas. 

Así, elegimos la semilla como modelo para estudiar la reparación de las lesiones que se producen en el ADN durante el tiempo en que está conservada en estado de dormancia”, relata la científica.

De la investigación publicada este año en The Plant Journal también participaron José R. Torres, actualmente becario postdoctoral del CONICET en el Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura (IFEVA , CONICET-UBA), y Nicolás Cecchini, investigador del CONICET en el CIQUIBIC.

“Estamos abiertos a colaborar con expertos del área aplicada y de la biotecnología que tengan interés en el tema. 

Contamos con muchas herramientas para monitorear la actividad de la enzima y saber si está activa o no, sabemos dónde y cómo estudiarla y aunque aún no tenemos modelos de plantas de interés agronómico, estamos abiertos a emprender este tipo de estudios. 

Este es un ejemplo de que los desarrollos aplicados son fruto de una larga historia de inversión en investigación básica, cuya continuidad depende del apoyo a los jóvenes científicos que serán los nuevos líderes de la ciencia argentina”, concluye Álvarez.

Referencias bibliográficas:

Lescano López, I., Torres, J. R., Cecchini, N. M., & Alvarez, M. E. (2024). Arabidopsis DNA glycosylase MBD4L improves recovery of aged seeds. The Plant Journal, 119(4), 2021-2032. Doi: .Arabidopsis DNA glycosylase MBD4L improves recovery of aged seeds - Lescano López - 2024 - The Plant Journal - Wiley Online Library

Por María Pía Tavella – Área de Comunicación CONICET Córdoba

CONICET

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domingo, 2 de junio de 2024

La esclerosis múltiple dejó de ser sinónimo de discapacidad

  

La médica Berenice Silva (der) junto a la investigadora Carina Ferrari, en el Laboratorio de Terapias Regenerativas y Protectoras del Sistema Nervioso Central de nuestro Instituto.

“Gracias a la ciencia, la esclerosis múltiple dejó de ser sinónimo de discapacidad”

En el Día Mundial de la Esclerosis Múltiple, la neuróloga e investigadora de nuestro Instituto Berenice Silva asegura que los nuevos tratamientos cambiaron el curso natural de la enfermedad en sólo una década. 

Y cuenta cómo avanza su prometedor trabajo para encontrar terapias efectivas contra las formas más severas de la patología.

“Cuando empecé en esta especialidad, hace unos 12 años, había muy pocas opciones terapéuticas y era muy duro darle a los pacientes un diagnóstico de esclerosis múltiple, porque era una enfermedad que llevaba irremediablemente a la silla de ruedas y a un deterioro cognitivo severo. 

Hoy ese panorama cambió de manera rotunda: gracias a la investigación científica, que aportó más de 10 nuevos tratamientos, los pacientes pueden llevar una vida normal y dejó de ser sinónimo de discapacidad”. 

En el Día Mundial de la Esclerosis Múltiple, Berenice Silva, neuróloga e investigadora de nuestro Laboratorio de Terapias Regenerativas y Protectoras del Sistema Nervioso Central deja un mensaje esperanzador para los 3 millones de personas que viven con esa enfermedad en el mundo.

Silva se recibió de médica en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) e hizo la especialidad en Neurología en el Hospital Ramos Mejía. 

En esos cuatro años de formación descubrió su interés por la esclerosis múltiple, porque le impactaba que fuera una enfermedad que se diagnosticaba en gente de entre 20 y 40 años. 

“Es de las pocas patologías neurológicas que afecta a personas jóvenes. 

Están en la mejor etapa de sus vidas, con un montón de proyectos laborales, académicos y personales, y justo en ese momento les cae un diagnóstico que es muy fuerte”, explica.

Por aquella época, había unos pocos tratamientos disponibles para la forma más común de la enfermedad, llamada “esclerosis múltiple en brotes y remisiones” (que afecta al 85% de los pacientes) y era un área en la que se estaba investigando mucho, algo que también fomentó la curiosidad de Silva. 

Así fue que viajó a España para profundizar su formación. 

Primero, en el Hospital Vall d’ Hebron, en Barcelona, y luego en el Hospital Carlos Haya, de Málaga, dos centros de referencia mundial sobre la patología.  

“Para formarnos en esclerosis múltiple siempre intentamos ir a algún centro de Europa, Estados Unidos o Canadá, porque ellos tienen una altísima prevalencia de la enfermedad. 

Mientras en Argentina tenemos unos 35 casos por cada 100 mil habitantes, allá hay alrededor de 350 cada 100 mil”, asegura Silva, quien durante su viaje a España descubrió una nueva vocación. 

“Fui como médica a atender pacientes a dos centros líderes, que también son fuertes en investigación clínica y traslacional, aquella que busca transformar hallazgos de laboratorio en tecnologías como puede ser un fármaco. 

Y como me di cuenta que en lo que tenía que ver con lo asistencial no había mucha diferencia con lo que se hacía en Argentina, empecé a pensar qué me podía llevar de diferente para cuando regresara”, dice.

Tentada por el modelo animal de esclerosis múltiple en ratones con el que investigaban sus pares en Barcelona, a Silva le empezó a interesar la parte de la medicina traslacional y la ciencia básica aplicada a esa enfermedad. 

Por eso, cuando volvió a Argentina se propuso buscar investigadores que trabajaran en ese tema en el país. 

Ese fue el inicio de su vínculo con los investigadores del CONICET en la Fundación Instituto Leloir, Fernando Pitossi y Carina Ferrari.

Gracias a una beca de la Fundación René Barón, que le permitió realizar un doctorado con sede en la FIL y el Hospital Italiano de Buenos Aires mientras continuaba con su actividad como médica, Silva pudo desarrollar, junto a Ferrari (quien fue becaria en Inglaterra de la Federación Internacional de Esclerosis Múltiple -MSIF, por sus siglas en inglés), un modelo en ratas que refleja aspectos clínicos importantes de las formas progresivas de la enfermedad. 

Se trata de la variante más discapacitante, que afecta a alrededor del 15% de los pacientes y para las que hay sólo dos opciones terapéuticas. 

“No todas las instituciones financiadoras de tesis doctorales te permiten mantener la actividad asistencial, pero por suerte yo pude sostenerla. 

Me parecía una picardía dejarla de lado, porque creo que mi conocimiento clínico le aportaba muchísimo a lo que quería investigar en animales.

Son áreas que se complementan y se potencian y me parece que justamente gracias a esa combinación de la medicina con la ciencia es que surgen nuevos tratamientos que cubren necesidades no satisfechas de la práctica clínica”, enfatiza Silva, quien asegura que dar ese salto no fue nada fácil. 

“En Argentina prácticamente no existe la investigación financiada en Medicina sin dejar de lado la tarea asistencial y yo me propuse investigar en el marco de una tesis doctoral sin dejar de atender pacientes. 

Tuve que aprender de cero a hacer cosas que no había hecho nunca en mi vida, como usar una pipeta, realizar una PCR [método para amplificar material genético] y trabajar con animales de laboratorio, pero me apasionaba demasiado”, reconoce la especialista. 

Para generar conciencia

La esclerosis múltiple es una de las enfermedades más comunes del sistema nervioso central (cerebro y médula espinal). 

Es crónica y se caracteriza por el ataque del propio sistema inmune del organismo a la sustancia que recubre los nervios (mielina), lo que va generando lesiones en la sustancia blanca del cerebro –donde están las fibras nerviosas–, y en la sustancia gris, que contiene a las neuronas. Por eso, sin tratamiento, la patología deriva en distinto tipo de discapacidades motoras y cognitivas.

Los síntomas más comunes son visión borrosa, debilidad en las extremidades, sensación de hormigueo, inestabilidad, problemas de memoria y fatiga. 

En los casos más graves o cuando la enfermedad ya está avanzada, las personas ya no pueden valerse por sí mismas. 

Si bien, por el momento, no hay ningún medicamento que pueda curarla, existen tratamientos que pueden modificar el curso de la enfermedad y por eso es clave el acceso al diagnóstico temprano.

Impulsado por la MSIF el Día Mundial de la Esclerosis Múltiple se celebra, desde 2009, cada 30 mayo. 

Este año el foco está puesto en el diagnóstico precoz y preciso, y pone de relieve las barreras que lo dificultan. 

También apunta a mejorar la formación de los profesionales de la salud en esclerosis múltiple e impulsa la realización de nuevas investigaciones para lograr avances clínicos. 

En ese camino están, precisamente, Silva, Ferrari y sus colegas de la FIL

“Por medio de un subsidio del Laboratorio Biogen estamos avanzando en la búsqueda de nuevos blancos terapéuticos para la afección de la corteza cerebral que se produce más frecuentemente en las formas primaria y secundaria progresiva de la enfermedad, usando nuestro modelo animal”, aseguró la neuróloga. 

Y añadió: “Ya hicimos los estudios de proteómica de sangre, corteza cerebral y líquido cefalorraquídeo de los animales y ahora estamos analizando los datos para poder publicarlos. 

Encontramos moléculas realmente muy interesantes que, esperamos, puedan ayudar al desarrollo de nuevos fármacos”. 

FIL.

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